19 oct 2012

The Classics Club – Meme de Octubre

Desde hace unos meses que estoy en el Classics Club y cada mes los participantes contestan a una pregunta a través de este meme. Este es ya la tercera entrega de este meme mensual que empezó en agosto, y la pregunta es:

¿Por qué lees clásicos?

Desde que somos niños que en la escuela nos acostumbran a leer los "clásicos" que solemos asimilar a libros pesados, largos, y aburridos. En mi caso, el primero que recuerdo tener que leer por tarea es El Conde de Lucanor. Pero me estoy desviando del tema. 
Ante todo, se estima que la palabra escrita apareció cerca del 3500 AC, pero la novela tal y como la entendemos sólo tiene unos pocos siglos. Durante este tiempo se han producido miles y miles de obras y me parece absurdo ignorar todo esto simplemente porque fueron escritos bastante antes de nuestro nacimiento. Éstos libros, sea de forma más o menos explícita, forman parte de la Historia y de la cultura popular de sus países. Además, la mayoría (o al menos las novelas que han trascendido a lo largo del tiempo) reflejan fielmente una época vista por sus mismos contemporáneos. Y no sólo eso, vista por un artista, cuya visión puede ser muy especial, muy fina, sutil y que puede llegar a diseccionar estrato por estrato la sociedad de su tiempo. Éste es el caso de muchos clásicos, como El final del desfile de Ford Madox Ford o Las novelas de Berlín de Christopher Isherwood. A mí es un rasgo que me atrae particularmente de los clásicos pero una ventaja que también tienen es que son muy diversos. Algunos, como El guardián entre el centeno, son bastante cortos, al igual que hay otros bastante largos como Doctor Zhivago. De la misma forma, hay clásicos de lectura lenta, como Crimen y Castigo, o que se leen en un momento como Jamaica Inn. Incluso hasta hay clásicos de literatura juvenil e infantil como El Castillo Soñado o La Princesita. 
Pero ante todo hay que pensar que los clásicos son novelas que han sobrevivido a su tiempo mientras que otras de sus contemporáneas han sido enterradas en el olvido de las editoriales. ¿Y por qué unos sí y otros no? Pues, sin duda, porque son de alguna forma extraordinarios. Con sus novelas, entre las cuáles La mujer de blanco es de las más conocidas, Collins le puso nombre y apellido al género policíaco. Con su testimonio de la Primera Guerra Mundial Erich Maria Remarque y su Sin Novedad en el Frente pusieron palabras de una belleza extrema a uno de los peores momentos de la humanidad. Y Harper Lee, basándose en su propia vida, a través de las pequeñas anécdotas de Scout y las enseñanzas de su padre, Atticus Finch, transmiten un mensaje conmovedor de tolerancia y humanidad en Matar a un ruiseñor. Aunque es cierto que otros, como Cumbres Borrascosas, pasaron completamente desapercibidos al ser publicados. Por esa razón los clásicos son una apuesta segura, al menos en su gran mayoría. Pero tampoco quiero decir que el lector deba refugiarse en exceso en los clásicos, negándole a la literatura moderna una oportunidad. Actualmente hay grandes autores cuyos libros seguramente estarán formarán parte de los clásicos en unos años.
Finalmente, hay clásicos que están al alcance de todos. Yo empecé a leer clásicos desde pequeña, con las novelas de aventuras del siglo XIX, y luego en clase cuando tenía que leerme los clásicos de la misma época, sólo que más lentos y descriptivos. Uno no puede empezar con Anna Karenina directamente, al menos en mi opinión (y yo a fecha de hoy aún no me atrevo con las novelas largas de Tolstoi). Hay que perderle el miedo a los clásicos, ¡pensad que la mayoría fueron los bestsellers de su época!
Espero que este post haya animado alguno con los clásicos y, si hay alguna duda/recomendación, ¡aquí estoy!

16 oct 2012

The Newsrooom (1ª Temporada)


Últimamente me estoy aficionando a las series sobre periodistas. A The Hour y State of Play se añade una nueva serie, The Newsroom, proviniente del otro lado del Atlántico. A principios de este verano se estrenó la nueva serie de Aaron Sorkin, el guionista de La red social, y he visto los diez capítulos de la primera temporada en cuanto he tenido ocasión.

Sinopsis: Will McAvoy (Jeff Daniels, Buenas noches y buena suerte, Speed) es el presentador del programa de noticias News Night, famoso por nunca tomar partido. En una conferencia en la universidad de Northwestern le fuerzan a dar su opinión sobre los Estados Unidos, y eso causa gran conmoción en la presna. Después de desaparecer durante varias semanas, Will vuelve a su trabajo para encontrarse con que su nueva productora es Mackenzie MacHale (Emily Mortimer, Shutter Island, Hugo), su ex-novia. Ambos deberán dejar a un lado su pasado para hacer un nuevo programa, más serio y más controvertido.

Opinión: La serie se centra al rededor de cómo se prepara un programa de noticias: desde cuáles se escogen, cómo se tratan, qué invitados traer, qué preguntas se pueden o no hacer, quién se encarga de la investigación, etc. En cada capítulo se centran en un evento que marcó las noticias a lo largo del 'curso' 2010-2011: desde los reactores de Fukushima, pasando por las elecciones al congreso, hasta la muerte de Bin Laden. La mayoría son temas que también vimos en nuestras pantallas durante aquél año pero, al ser una serie americana, está mucho más enfocado hacia los Estados Unidos. Eso sí, hay un tema que se repite a lo largo de la serie, el ataque al Tea Party, haciéndolo principalmente a través de la boca del presentador, Will McAvoy, que es un Republicano, para hacerlo parecer más ¿creíble? Pero no todo es crítica en la serie. De hecho, el problema que yo lo encuentro se puede resumir en la primera escena de la serie. Quieren ser críticos pero, al fin y al cabo, no pueden serlo hasta el final, queriendo dejar aún un sentido de seguridad y derecho moral a los americanos. O quizás soy yo la que le busca pegas a todo.
En fin, aunque la mayor parte del capítulo rodee la producción de uno o varios noticiarios, también hay espacio para tramas secundarias paralelas. Por supuesto, las historias de amor también tienen su pequeño lugar en la sala de prensa. Primero vemos el choque frontal entre Will McAvoy y Mackenzie MacHale, de los que poco a poco conocemos su relación. Son dos carácteres que chocan. Will es un hombre que aparenta ser muy seguro de sí mismo (y un tanto creído) cuando en realidad aún sigue muy dolido por su ruptura con Mac, mientras que ella es una periodista con muchísima experiencia pero un tanto neurótica y propensa a los ataques de histeria. Pero la combinación de ambos es extremadamente divertida. Luego tenemos a Jim (John Gallagher Jr., Margaret) y Maggie (Alison Pill, Los pilares de la tierra, Midnight in Paris), ambos ayudantes de producción y emparejados, que se sienten atraídos el uno hacia el otro pero son incapaces de reconocerlo.
También hay un set de personajes secundarios que son geniales como Don (Thomas Sadoski), Neal (Dev Sampat, ¿Quién quiere ser millonario), Charlie (Sam Waterson) o Sloan (una economista interpretada por Olivia Munn). La verdad es que todo se debe a un diálogo brillante, que explota las características de los personajes al máximo para crear situaciones muy divertidas. Realmente, hay algunas discusiones que son geniales.
Como he dicho antes, también hay un poco de lugar para la reflexión, en especial acerca del periodismo. Viendo los programas de News Night y luego viendo el telediario de aquí, uno se da cuenta de que realmente se está poniendo por delante el entretenimiento antes que la información. Claro que hay cadenas peores que otras, pero todas parecen ser esclavas de la audiencia, del número de espectadores. Y eso me parece una situación increíblemente triste.
Desgraciadamente, no todo son buenas cosas en esta serie. Los personajes, aunque no estén estereotipados y tengan algún grado de complejidad, son completamente planos. Desde el primer hasta el último capítulo no cambian ni un ápice y vuelven a cometer los mismos errores, a tomar las mismas decisiones, una y otra vez. Y esto resulta extremadamente frustrante. En la misma línea se encuentran las tramas amorosas. Se le enseña el cebo al espectador, pero al final sigue sin tener nada, y esto me parece una estrategia muy pobre para llevarle a ver la siguiente temporada. En serio, con una serie así creo que podrían haberse permitido hacer un último capítulo en que el cliffhanger principal no fuese el de las relaciones entre los periodistas.
Y ahora sigamos con la idea de los programas. Ellos dicen que quieren hacer un programa informativo de verdad, que contraste opiniones y de hechos. El problema es que su presentador quiere ser la estrella en todo momento y parece querer demostrar a toda costa cuán más inteligente es que cualquiera que entreviste. Esto, me temo mucho, no hace más que insultar a los espectadores (de su programa). Sí, tiene agallas y se enfrenta a poderosos enemigos, pero todo eso se esfuma cuando no tiene ni una pizca de humildad ni ningún tipo de sentido de la culpa a la hora de humillar a alguien.
De todas formas, es cierto que para ser una producción de la HBO (conocida por series como True Blood, Los Tudor y Juego de Tronos) es increíble que hagan una serie con un guión tan consistente, y con tan poca sangre y sexo. 

En conclusión, The Newsroom es una buena serie. No creo que llegue al nivel de The Hour o State of Play, pero sin duda es una fuente de entretenimiento con unos diálogos brillantes, siempre a cargo de Aaron Sorkin. 

13 oct 2012

Las uvas de la ira de John Steinbeck


Por mi cumpleaños me regalaron este clásico de la literatura americana, Las uvas de la ira de John Steinbeck. Sabía más o menos que trataba de la Gran Depresión de los años 1930, tampoco he visto su adaptación a la gran pantalla de 1940, pero no mucho más. También ignoraba que Steinbeck había recibido el premio Pullitzer (que ganó otras dos veces) por ésta novela y, en 1962, el premio Novel de literatura.

Resumen: Tom Joad regresa a su hogar después de pasar cuatro años en una cárcel de Oklahoma por matar a un hombre. Al llegar a su casa se la encuentra vacía y descubre que el banco ha echado a su familia por no poder hacer frente a los pagos, que ya estaba empobrecida debido a la llegada de los tractores. Su única solución es ir a California, dónde se supone que hay trabajo para todo el mundo.

Opinión: Ésta novela es todo un clásico, uno de esos que casi todo el mundo conoce pero que poca gente ha leído. Pero creo que, ahora más que nunca, Las uvas de la ira es una novela muy actual. Primero, me sorprendió el libro porque, a pesar de sus casi ochocientas páginas, se lee muy rápidamente. Enseguida entramos en las vidas de la familia Joad, compuesta por los abuelos, los padres, dos tíos, y cinco hijos, una de las hijas está casada. A estos se les une Jim Casy, un ex-predicador que tampoco tiene dónde ir. En su viaje se encuentran a muchas personas en situación tan precaria como la suya, que también buscan sobrevivir viajando al Este. Pero es durante el viaje que el lector conoce a la unidad familiar de los Toad, que poco a poco se irá desmoronando por las graves circunstancias que irán sufriendo a lo largo de la novela. 
Cada personaje tiene un carácter muy marcado que a su manera nos transmite la realidad de la 'América profunda' de aquellos años. Desde la vida en la prisión, pasando por la dura existencia del campesinado tradicional, hasta la prácticas religiosas (que recuerdan un poco a algunas secuencias del opening de True Blood) que rallan la locura. Son personajes que no entienden lo que les ocurre, que simplemente buscan una forma de mejorar su vida. En efecto, si algo sorprende es que la mayoría de personajes, hasta el final de la novela, siguen pensando de que, aunque no tengan trabajo en los próximos seis meses o más, conseguirán uno, fijo, ahorrarán y podrán comprarse una casita con un perro. No ven que siempre serán unos explotados, que están en un círculo vicioso en que su miseria sólo puede engendrar más miseria. 
Cuando llegan a California se dan cuenta de que está muy lejos de ser la tierra prometida y, a pesar de esto, siguen con la esperanza de que la suerte les sonreirá y podrán trabajar duro, lo que será debidamente recompensado. En ésta parte de la novela es cuando uno se da cuenta de lo que ocurrió en Estados Unidos durante la crisis. Ya sabía que la depresión fue especialmente dura en los USA, pero no tenía ni idea hasta qué punto. En Las uvas de la ira se ve como los grandes terratenientes se aprovechan sin piedad de la desgracia de los campesinos desposeídos, imponiéndoles un sueldo cada vez menor que apenas alcanza para subsistir, que les tratan con odio y desdén porque saben que su situación es desesperada. Además, recurren a sus esbirros en la policía, o a sus secuaces particulares, para evitar que haya cualquier tipo de organización entre ellos. Es un libro muy duro, que cuenta situaciones descorazonadoras, en las que el lector comprende cuán impotentes son la multitud de emigrantes pobres y afamados. 
Como he comentado antes, a lo largo del libro vemos como la familia de los Joad va desmoronándose, a pesar de los intentos de Madre por mantenerla junta. El viaje en sí es demasiado para algunos, tanto física como mentalmente. Pero más cosas ocurren que hacen que la estructura de los Joad cambien. Por ejemplo, al no trabajar, el padre pierde toda autoridad. Pero la solidaridad dentro de la familia se sustituye por la solidaridad entre familias. Dadas las circunstancias dramáticas en las que se encuentran, los personajes (todos los que conocemos a lo largo de la novela) tienen tendencia a ayudar a los demás. Por mucho que la situación empeore, por muy pobres que sean, siempre se ayudan los unos a los otros. Esto desemboca a la última escena del libro, que es brutal, que te deja la mente en blanco durante minutos, y marca esto a la perfección. Lo curioso es de que, a pesar de estar dispuestos a compartirlo todo, vemos pocas muestras de organización para conseguir unas condiciones de trabajo dignas. También es cierto que tanto los terratenientes como la policía emplearán todos los medios a su alcance para romper cualquier tipo de acuerdo entre los jornaleros.
Finalmente, la forma de escribir de Steinbeck me ha dejado impresionada. Es muy concisa pero a la vez usa imágenes extremadamente poéticas. De hecho, entre desventura y desventura de la familia Joad hay capítulos cortos que cuentan, de forma general, ciertas situaciones específicas de la época. Esto puede ir desde la recogida de algodón, hasta el día a día de un vendedor de coches de segunda mano o de una chica trabajando en un bar de carretera.  Son personajes anónimos, vidas que podrían ser la de cualquiera, la de miles de personas, por lo que tienes la sensación de estar ante una masa de gente desgraciada, luchando con todas sus fuerzas por tener un mejor futuro, pero que saben (aunque no lo reconozcan) que están condenados a ser unos muertos de hambre para toda su vida.

En conclusión, Las uvas de la ira es una novela genial, muy apropiada para los tiempos que estamos viviendo – es fácil trazar paralelismos entre ésa época y la nuestra –, y que además está escrita de forma magistral. Durante la travesía de los Joad nos encariñamos con los personajes, que sufren lo imaginable y son testigos de la más vil explotación de los seres humanos, rayando la esclavitud. Es un libro que se debe leer con un estómago fuerte y en un buen estado de ánimo. Pero, realmente, es muy recomendable. No os asustéis por el número de páginas, ¡está lejos de ser un 'tocho'!

10 oct 2012

Los bienes de este mundo de Irène Némirovsky


Hace ya mucho tiempo que no leo nada de Irène Némirovsky así que me decidí a empezar con Los bienes de este mundo, publicado póstumamente en 1947.

Sinopsis: La historia trata de dos familias viviendo en el pueblo de Saint Elme, los Hardelot y los Florent. Ambas familias son burguesas, pero los Hardelot tienen una profesión más noble – poseen una empresa de papelería – y son más ricos. Sin embargo, el amor entre Pierre y Agnès unirá a las dos familias irremediablemente. 

Opinión: Al igual que Los fuegos del otoño, ésta novela cubre la primera mitad del siglo XX, empezando unos años antes de la Primera Guerra Mundial y acabando a principios de la Segunda. Desde la primera página que se nos presenta la vida de los 'burgueses de campo', reglada por las apariencias y la reputación, y orgullosa de su linaje. Némirovsky describe minuciosamente – pero no sin crítica – ésta clase social. Uno de los rasgos que les atribuye es el sentido de continuidad. El que, pase lo que pase, el patrimonio, la herencia (en este caso la empresa, el apellido, etc) pervivirá hasta el fin de los tiempos. Pero la autora bien demuestra que nadie ni nada es inmune al paso de los años, ni al paso de las guerras. Sin embargo, los personajes persisten en sus creencias, por lo que resultan algo ridículos a los ojos del lector; su empeño por vivir a través de unos muros de piedra, de un nombre, les sigue hasta las últimas páginas, y aún estando rodeados por soldados alemanes se sienten seguros al estar dentro de la casa que lleva generaciones en la familia. 
Además, la autora le da la vuelta a la idea de la continuidad, convirtiéndola en otra forma de 'crítica', por así decirlo. Existe continuidad en el sentido de que las hijas se convierten en sus madres, los hijos en sus padres, y así durante (al menos) tres generaciones. Los rasgos de los protagonistas, Pierre y Agnès, cuando son jóvenes se ven reflejados en la siguiente generación con Guy y Rose. De la misma forma, cuando ya son mayores, Pierre y Agnès cada vez se parecen más a sus padres, y ellos mismos se dan cuenta de éste cambio.
Esto no implica de que los personajes no tengan personalidad propia y no sean más que burdas imitaciones de sus progenitores, pero tampoco son los personajes complejos a los que nos tiene acostumbrados Irène Némirovsky. Son humanos, imperfectos, y muy acordes a su tiempo. En cada generación se nota el paso del tiempo y cómo ciertas concepciones sobre la vida van cambiando. 
Pero, quizás por encima de todo, Los bienes de este mundo es la historia de amor entre Agnès y Pierre. Su romance empieza en la juventud y se prolonga durante el resto de sus vidas. Como ya señala la novela, la 'pasión' de los primeros años, cuando no estaba casados o recién, se apaga rápidamente, impulsada por la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, los dos siguen juntos, soportando penurias, pero nunca arrepintiéndose de haberse casado en contra de los deseos de sus padres. En éste sentido es una historia muy tierna, o eso me lo pareció a mí.

No puedo decir mucho más de la obra, es bastante corta (320 páginas en mi edición, con letra grande) y se lee fácilmente. En mi opinión no es de las mejores novels de Irène Némirovsky. La historieta "La comedia burguesa" – incluída en el set de historias cortas de Ida – explora el mismo tema de forma más breve y con aún más fuerza (aunque se centren en aspectos un poco distintos).

7 oct 2012

The Flowers of War

Supe de la existencia de esta película por casualidad a través de la red social GetGlue cuando se estrenó el trailer hace varios meses. En vano esperé que, siendo una producción de grandes dimensiones, se estrenase en España aunque fuese con algo de retraso. Pero, como ya viene siendo una costumbre, no fue así.

Sinopsis: Situada en Nanking durante la invasión japonesa en China de 1937, la película junta a tres extraños conjuntos en un convento: un trabajador de pompas fúnebres (Christian Bale, trilogía Batman, El truco final), unas prostitutas del distrito rojo y las estudiantes del convento. Con una muerte segura más allá de las puertas del convento, todos deberán aprender a convivir y buscar una forma de huir de la ciudad.

Opinión: Esta es una de las pocas superproducciones chinas que llegan de vez en cuando a nuestras pantallas, y hay aún menos que tengan un protagonista occidental. 
La película es excelente a nivel visual. Los vestuarios, en especial el de las prostitutas (que serán la delicia para quién le guste la moda y este estilo), están muy cuidados. Pero también la batalla entre los chinos y los japoneses que ocupa los primeros 10-15 minutos de la película y que sigue de trasfondo hasta el final. Las escenas de guerra son bastante brutales, pero aún más son las incursiones de los soldados en el convento, o de los habitantes del convento a la ciudad en ruinas. El director, Yimou Zhang (Hero, La casa de las dagas voladoras), pone una serie de escenas bastante violentas y despiadadas. Pero simplemente se limita a describir los horrores que debieron ocurrir durante la invasión japonesa, aunque puedan ser bastante desagradables para el espectador. Pero también hay lugar para la belleza en ésta película. Algunos planos de la película son preciosos, mezclando lo horrible con lo bello, provocando así un mayor impacto en el espectador. El juego con los colores (y los filtros de la cámara) para poder lograr estos efectos está muy bien conseguido. Uno que a mí personalmente me sorprendió fue la explosión de una tienda de tejidos, y todos aquellos colores saltando por los aires.
Pero quizás lo más interesante de la película es ver como interaccionan estos tres grupos, como van cambiando poco a poco. Cuando se encuentran cada uno está acostumbrado a una cierta vida, con unas ciertas reglas (o sin ellas) y, sobretodo, están aterrados por lo que han vivido y por la situación en la que se encuentran. John Miller es un personaje egoísta y, aparentemente, sin ningún tipo de compasión por las personas con la que comparte el convento. A él sólo le interesa salir vivo de allí y llevarse a la cama a Yu Mo (Ni Ni), la más bella de las prostitutas. Ella le desprecia por su carácter mezquino y tendencia a la borrachera. Pero por encima de todo ella quiere garantizar la seguridad de sus compañeras y su huída de Nanking. 
La convivencia entre ellos es difícil al principio y, a pesar de todo lo que les ocurre, permanecerá siendo algo hostil. No hay ningún tipo de redención. Ni las alumnas llegan a ver más allá de sus prejuicios ni las prostitutas buscan redimirse. Ambos grupos llevan su vida lo más normalmente posible. Y es lo bueno porque el espectador está presente en las escenas en que están solas y ve el alto grado de compañerismo, compasión e humanidad que existe dentro del grupo, pero no entre ellos. Aunque el tiempo pase y aprendan a vivir juntas, eso no significa que pasen ni un minuto más de lo necesario juntas, sin ni siquiera permitir a las mujeres utilizar su baño. De hecho, el que sufre un cambio más radical es el personaje de Christian Bale que, al ser testigo de las brutalidades cometidas por los soldados japoneses, se vuelve más altruista y decide hacerse pasar por el cura del convento y así proteger a las alumnas (y al resto de sus habitantes ocultos). Quizás este cambio radical sea poco creíble – a mí, al menos, me cuesta un poco creerlo – pero es de agradecer ver a toda esa gente tan distinta cooperando y tener un poco de esperanza después de haber visto escenas bastantes crudas.

En conclusión, creo que The Flowers of War es una muy buena película histórica de una guerra de la cuál la mayoría de 'occidentales' no ha oído a hablar pero que aún está muy fresca en la memoria de los chinos. La invasión de Manchuria empezó en 1931 y en 1937 se declaró la segunda guerra sino-japonesa que, en el lado de los chinos, causó al menos unos veinte millones de muertos (existen diversas estimaciones por falta de datos de la época). Ésta es una espléndida recreación del horror que vivieron los chinos – contando con un consistente presupuesto –, muy bien dirigida, con un actor de merecido renombre como Christian Bale y además muy entretenida. Eso sí, hay que tener el estómago fuerte, pero vale mucho la pena.

4 oct 2012

State of Play


Sigo con mi amor por la ficción británica, y ésta vez os traigo State of Play (2003). Conocí esta mini-serie a través del blog Quinta Temporada del periódico El País, que es un sitio imprescindible para estar al tanto de las nuevas series.

Sinopsis: Stephen Collins (David Morrissey, The Hollow Crown, South Riding) collins es un MP del parlamento británico que además lidera un comité independiente del Ministerio de Energía. Toda su vida se desmorona cuando la investigadora del comité, Sonia Baker, muere en las vías del metro y se descubre de que era su amante. El periodista Cal McCaffrey (John Simm, Doctor Who, Life on Mars) fue el manager de la campaña de Stephen hace casi diez años y quiere ayudar a su amigo. Mientras, Della Smith (Kelly McDonald, The Decoy Bride, Gosford Park) otra periodista del mismo periódico investiga la muerte de un adolescente.

Opinión: Son seis capítulos geniales. Se lo toman con calma, sin prisas, sin querer dar muchas pistas al principio. La serie sigue a un grupo de periodistas del periódico Herald en el cuál se encuentran, a parte de los que ya he mencionado, James McAvoy (La Conspiración, La joven Jane Austen), Bill Nighy (El Exótico Hotel Marigold, Love Actually) y Amelia Bullmore (Twenty Twelve, I'm Alan Partridge), entre otros. Así que la trama sigue su investigación y vemos muy de cerca como funciona la redacción de un periódico y sus trabajadores: desde problemas con la editorial, hasta el trato de las fuentes y su relación con la policía. Éste es uno de los aspectos que más me ha gustado ya que, a parte del 'misterio', me parecer ser muy realista. Durante los primeros capítulos van recabando información, siguiendo pistas, pero ni ellos ni el espectador sabe muy bien qué hacer con ellos, o qué tiene que ver lo uno con lo otro. Y eso me parece excelente. Muchas veces las series –y, en especial, las mini-series – tienen que ya aportar mucha información en los primeros capítulos para atrapar al espectador, y luego tienen un desarrollo lento. En State of Play nos encontramos en la situación opuesta. Los primeros capítulos no te dejan sin aliento, si no más bien un tanto desconcertada por la información que van obteniendo y las cosas  (aparentemente con poco sentido, que no sabes como relacionar) que van ocurriendo. Pero igualmente la sigues mirando. ¿Por qué? Primero, por los actores, que son brillantes. Y en especial me gustaría destacar el papel que hace David Morrissey encarnando al desdichado político y a Kelly McDonald, que es uno de los pocos personajes con una evolución marcada a lo largo de la serie. En efecto, su personaje no es más que una novata al principio y tendrá que pasar por mucho, lo que la hará ser mucho más fría, sensata y concisa. Pero, para variar en el mundo británico, hay un gran reparto de actores secundarios. En especial me gustaría destacar a Marc Warren(Wanted, Hustle) en el papel de Dominic Foy, un conocido de Sonia Baker.
Otra razón es que, aunque se den muy pocas pistas, hay muchos elementos desde el principio que te hacen sospechar que el asesinato de la joven investigadora y del adolescente forman parte de algo mucho mayor que implica a gente de las altas esferas. 
La trama está muy bien construída, muy bien atada, y con unos giros que nadie podría llegar a esperarse. Además, si los primeros capítulos son 'lentos', a partir de la segunda mitad el ritmo se acelera vertiginosamente y el encadenamiento de eventos se sucede sin que tengamos mucho tiempo para reaccionar. Hay que decir que la serie es muy crítica con el gobierno y las petroleras, y la relación que tienen ambas. Quizás en la crisis económica en la que estamos ahora no se le presta mucha atención a las grandes compañías de petróleo (como BP), pero nuestra economía se sustenta en ésta materia prima y el poder que tienen sus poseedores es muy grande. De todas formas, en ésta serie se toma el ejemplo de una petrolera, pero bien podría ser el mismo caso cualquier multinacional.
Eso sí, hay una cosa en la que me ha decepcionado la serie, en su resolución. Cometen el mismo error que Freddie Lyon en The Hour, sacrifican la historia 'política' porque el principal periodista se involucra personalmente la historia. Y tienen sus razones, que no desvelaré porque sería un spoiler de gran tamaño, pero igualmente no acabó de convencerme.

En fin, State of Play es otra de las grandes mini-series de la BBC con brillantes actores, un guión muy bien construído y, además, un tema muy interesante (y que no se corta un pelo). Prueba de ello fue que en 2009 se hizo una versión americana para la gran pantalla con Russel Crowe y Ben Affleck, pero que no es ni la mitad de buena que la serie.

1 oct 2012

Muse – The 2nd Law


A mediados de junio el grupo de música británico Muse anunció la salida de su nuevo disco, titulado The 2nd Law, para el 17 de septiembre, que luego se retrasó hasta hoy, 1 de octubre. La banda dio a conocer su nuevo trabajo a través de un video que provocó todo tipo de reacciones entre los fans (y no tan fans), ¿se había convertido Muse al 'dubstep'? Unas semanas más tarde se reveló que Muse había compuesto la canción de los Juegos Olímpicos de Londres, Survival. A mediadios de julio se filtró Unsustainable y su siguiente vídeo, y el 20 de agosto fue el turno de Madness.


El álbum empieza con Supremacy, una canción que es muy del estilo de Muse, con sus riffs, distorsiones de sonido y una sarta de falsettos de Matt Bellamy. Además, la letra tiene un aire de conspiraciones que ya no es muy familiar, y la percusión en algunos momentos recuerda a Invincible. Como punto de 'excentricidad', de vez en cuando aparece una trompeta para acompañar el trío, pero acaba gustando.
Como contraste, la segunda canción es Madness –el primer single del álbum–, una canción 'electrónica' pero que el grupo toca con instrumentos reales – guitarra, bajo, batería – con ciertas modificaciones, gracias a los fabricantes Manson y Misa. Es una canción que sorprende, de la misma forma que en el anterior disco con Undisclosed Desires, ya que parece ser lo 'contrario' a Muse. Además, Matt Bellamy dijo que ésta era la mejor canción que había escrito nunca, y grupos como Coldplay o Keane han respaldado dicha declaración. En lo que se refiere a la letra no puedo sino discrepar, ya que es extremadamente simple. Trata de las reflexiones de Bellamy tras una pelea con su novia, Kate Hudson, y que ésta se fuera a casa de su madre. La última estrofa dice así: Come to me/ Just in a dream/ Come on and rescue me/ Yes I know/ I can't be wrong/ And maybe you're too headstrong/ Our love is madness (1). Como podéis ver no es nada del otro mundo, sobretodo comparando con otras canciones escritas por Bellamy – de este mismo álbum incluso. Pero Madness sobresale –y quizás se aprecia mucho más en el contexto de The 2nd Law – por su simplicidad frente a lo épico, bombástico y musicalmente 'rico' que son el resto de canciones.
Y con la tercera Muse ya remata al oyente de un ataque al corazón con Panic Station. Es una canción 'funk' – muchos la comparan con los éxitos de Prince, aunque yo al no haber escuchado nada suyo no me atrevo –, con un fondo de bajo bastante sencillo y su acompañamiento en batería. Luego, de vez en cuando, hay breves interludios con un ritmo (y una guitarra) mucho más rápido que son realmente geniales. Y además de esto tenemos a Matt soltando 'ughs', 'oghs' y sus agudos habituales. Ah, y también un set de trompeta y saxofón. Por algún motivo, la canción me encanta. 
Luego, para introducir Survival, Bellamy hace gala de sus dotes de composición clásica para el Prelude, que bien podría ser de Rachmaninoff (con un toque de Chopin). Y todo esto lo corta en seco al empezar Survival con su ritmo pop à la Queen y que finalmente se convierte en una canción de rock épico y grandioso. Claro que yo quitaría algunos coros, pero esto fue imposición de los Juegos Olímpicos, que no estarán presentes en directo y que, por lo tanto, mejorarán bastante la canción.
En la siguiente canción, Muse vuelve a cambiar de género para meterse de lleno en el pop electrónico –sí, habéis leído bien – con Follow Me. La canción empieza con los latidos del corazón de Bingham Hawn Bellamy, el hijo de Matt Bellamy, cuando aún estaba en el vientre de su madre. Y poco a poco empiezan a introducirse sonidos que son obra del sintetizador. Esta es la canción que menos me gusta de The 2nd Law. Sé que, tarde o temprano y seguramente después de oírla en directo, me va a gustar. Esto no quita de que es una canción mediocre, con escasa inovativa musical y poco estimulante. 
Entramos en la segunda mitad del disco con Animals, que empieza con una simple melodía de piano, recordando un poco a sus inicios con Showbiz o Origins of Symmetry – cuando se les comparaba a Radiohead. El ritmo de la canción es el que se encuentra en muchas canciones de la banda, con un principio lento que va en crescendo hasta llegar a un festival de riffs en que se nota que los tres se lo pasan fenomenal llevando al límite sus instrumentos. Entonces se introduce un 'ruido' de fondo, con el que acaba la canción, que son las voces que se oyen en la bolsa de Nueva York un día cualquiera. Si es que esta canción denuncia a estos individuos, que buscan enriquecerse sin importarles las consecuencias que tienen sobre el resto del planeta. La letra reza: Analyse/ Franchise/ Spread Out/ Kill competition/ And buy yourself an ocean (2).
Llega Explorers que empieza como una nana, con Matt Bellamy cantando suavemente sobre como los humanos, las empresas y el sistema en el que vivimos, sobreexplota la naturaleza, los recursos limitados que tiene nuestro planeta. Aunque el tema sea completamente diferente, la canción recuerda vagamente a Blackout un tema de Absolution. El estribillo, uno de mis favoritos, dice: Free me/ Free me from this world/ We don't belong here/ It was a mistaken imprisoning our souls/ Can you free me/ Free me from this world (3). Sería una canción casi perfecta si no fuera por los coros agudos hacia el final de la canción, que recuerdan demasiado a las canciones pop de los años 1950. 
Después viene Big Freeze. Una canción que, musicalmente, me parece rara, no hay otra forma para definirla. Es muy rítmica, pero tengo la impresión de que música y vocales no encajan, o al menos crean un contraste notable. Pero, sin duda, me gusta mucho. Eso sí, recuerda un tanto a Queen. En este caso, aún no tengo muy claro de que trata – como suele ocurrir con muchas canciones de este grupo – pero creo que también tiene que ver sobre los fallos del sistema económico y el cambio climático.
Uno de los cambios más notables en The 2nd Law es que dos de sus canciones han sido escritas y cantadas por Chris Wolstenholme – el bajista del grupo y que normalmente se encarga de hacer los coros –, ambas sobre su ya superada adicción al alcohol. La primera de ella es Save Me, una pseudo-balada bastante bonita, pero nada que sobresalga y que, sin duda, es demasiado larga. De hecho es la canción más larga del álbum, después de Explorers, con sus buenos cinco minutos. Demasiado larga, demasiado repetitiva. La segunda es Liquid State que es mucho más marchosa y de rock 'puro y duro'. Se hace bastante extraño oír este tipo de canción de Muse con una voz distinta a la de Bellamy.
Finalmente están las dos canciones agrupadas bajo el título conjunto de The 2nd Law: Unsustainable y Isolated System. La primera empieza con música clásica, muy en el estilo de Muse, para que luego introducir la voz de una mujer explicando la segunda ley de la termodinámica – en un sistema en que no fluye la energía, aumenta la entropía, una economía que se base en un crecimiento infinito es insostenible – para que luego rompan sin avisar sonidos de electrónica dura, 'dubstep'. Es una mezcla interesante, a la que en un momento se unen los lamentos cantados de Bellamy. La última canción del disco, Isolated System, es completamente instrumental, salvo por algún ruido de fondo. Se puede decir que está casi enteramente hecha por ordenador, aunque también con algunos instrumentos clásicos 'reales', y recuerda al ambiente algo inquietante de la recopilación de caras B, Hullabaloo. Matt Bellamy dice sobre la canción: "Estar en el espacio sería also tan apacible y silencioso y de pronto llegas a ese 'blip' [la Tierra, un pequeño punto en el universo] que es un maldito caos! Lo veo como alejarse del planeta y volver a la tranquilidad de lo que, al fin y al cabo, acabará ocurriendo, que es la nada." (fuente)

En conclusión, The 2nd Law es un álbum que parece tener por objetivo sorprender a cualquier fan de Muse – a los que no les guste apasionadamente el grupo, no sé cómo pueden reaccionar ante el CD, ni si les puede gustar – y lo consigue. Tiene canciones muy buenas, que me han gustado muchísimo, otras que creo que tienen mucho potencial en directo, y finalmente algunas que no me han entusiasmado (Save Me y Follow Me). Creo que el grupo ha intentado ir 'un paso más allá', rompiendo cualquier tipo de estereotipo o tópico que se tuviese sobre la banda (¿dices que somos un grupo rock? ¡funk! ¡electro-pop!), salvo que son muy grandilocuentes. Y quizás es algo que yo corregiría, quitando algunos efectos y la mayoría de los coros. No digo que vuelvan a sus raíces minimalistas, de hecho Muse nunca ha sido 'discreto' en este sentido, pero que intenten buscar la sencillez del sonido, pudiendo ser igual de bombásticos e incluso más intensos. También me hubiese gustado que las canciones con guitarra – demasiado pocas, en mi opinión – fuesen más rápidas. Eso sí, el trabajo vocal de Bellamy me parece increíble, y creo que ha mejorado muchísmo desde The Resistance, y ya no hablemos de anteriores discos. The 2nd Law me ha gustado, aunque tuve que escucharlo varias veces ya que, dada su diversidad y diferencia con lo que suele dar Muse, me costaba un poco de digerir. Pero aún creo que lo pueden hacer mejor, y este álbum es una buena promesa.

(1) Ven a mí/ Como en un sueño/ Ven y rescátame/ Sí, lo sé/ No puedo estar equivocado/ Y quizás eres demasiado testarudo/ Nuestro amor es una locura.
(2) Analiza/ Franquicia/ Expándete/ Mata la competencia/ Y cómprate un océano.
(3) Libérame/ Libérame de este mundo/ No pertenecemos aquí/ Fue un error que apresaba nuestras almas/ Puedes liberarme/ Liberarme de este mundo.


Todas los posters utilizados pertenecen a Birdie, a quién agradezco que me haya dejado utilizarlos. The artwork/posters used belong to Birdie, whom I'm very thankful for letting me use them.

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