15 ene. 2013

La muerte y la primavera de Mercè Rodoreda


En segundo de bachillerato leí La plaza del diamante y me juré a mí misma que nunca más de los jamases leería otra novela de Mercè Rodoreda. Sin embargo, mi profesora de literatura me recomendó La muerte y la primavera (además de dos otros libros: La aguja dorada de Montserrat Roig y La doctrina del shock de Naomi Klein que me encantaron) y tuve que ceder. Eso sí, he tardado casi tres años en leerlo.

Resumen: Es complicado explicar de qué va la novela sin revelar, bueno, sin revelar la historia, que creo es una de las cosas más impactantes de libro. Todo transcurre en un pueblo en medio de un bosque, sin ninguna referencia espacio-temporal para situarnos, por el que pasa un río. En primavera, los jóvenes van a la cueva a recoger el polvo rojo para pintar las paredes de sus casas.

Opinión: Creo que puedo afirmar que éste es el libro más angustiante y deprimente que he leído nunca (y espero no leer nada peor que esto, os lo dice alguien que ha leído La soledad de los números primos). Y hay principalmente dos factores que contribuyen a que la lectura de la última obra de Mercè Rodoreda te suman en un estado depresivo. 
Primero, la historia. El narrador, del cuál nunca sabremos el nombre (de hecho, de ninguno de los personajes), nos cuenta su vida desde que presencia la muerte de su padre en su pre-adolescencia, hasta su propia muerte. A través de sus ojos descubrimos la vida en el pueblo y sus habitantes poco a poco. Y es algo desolador. Es una pequeña comunidad con tendencias autodestructivas, en la que hombres y mujeres quieren "matar" el deseo, el deseo de vivir y de disfrutar, del que tienen miedo. Es una sociedad que reprime cualquier sentido de placer, y que castiga a quién lo intenta buscar. De hecho, están tan agrios por dentro que sólo se divierten viendo como los demás sufren, como son humillados o como caen en desgracia y se convierten en marginados. Prefiero no entrar en detalles sobre las, peculiares como poco, costumbres de las gentes de este pueblo, sólo decir que pronto el narrador nos lo cuenta, de una forma tan natural y tan terrible, que es escalofriante. Aunque no quizás no haya un misterio, y la vida del protagonista sea, dentro de lo que cabe en un pueblo así, sea "normal", la historia nunca libera al lector de una cierta tensión, una desazón en el pecho que perdura aún cuando no estás leyendo el libro. 
El segundo factor es el estilo de Mercè Rodoreda. Por una parte es un tipo de narración que se podría denominar "hablado". Hay una total ausencia de comas y un uso constante de los "y", lo que hace que la lectura sea casi atropellada, que sigas el discurso del protagonista y, a falta de signos de puntuación, te quedes sin aliento (o su equivalente en la lectura). Creo que, en parte, esto se debe a que sólo cursó dos años de educación primaria, el resto de sus conocimientos los debe a sus propios recursos y a su abuelo. Y, por otra parte, esto también hace que sus recursos estilísticos sean tan... diferentes, tan "extraños" para el lector. Es decir, dada nuestra cultura, nuestras pasadas lecturas, se construye un entorno, en el que ciertas cosas se asocian a otras ("viento cortante", "mejillas sonrosadas", "mirada profunda", etc.); pero la escritora tiene su propio código. Dentro de la crueldad de la historia, las metáforas, las imágenes que usa son extremadamente bellas y poéticas. Una que me impresionó, no sé decir por qué, es "y sentía mi vida delgada como un hilo". Todo es extremadamente visual, a la vez llano pero evocando sensaciones muy concretas y sutiles. No sé como describirlo mejor, es simplemente algo increíble.
Por el resto, es un libro que se puede disfrutar, pero que sin duda entendería mucho mejor con la ayuda de un par de comentarios, o un estudio literario. Da la impresión de que está repleto de símbolos (si mal no recuerdo de mis clases de literatura, Rodoreda le daba bastante importancia a los colores) pero que no sé interpretar. Tampoco se puede esperar mucho de los personajes, no hay intención de estudiar su personalidad y profundizar en su carácter como lo puede haber en La plaza del diamante, me temo que, a su vez, también son símbolos. De todas formas, esto no impide su lectura, simplemente hay cosas que una no sabe muy bien cómo interpretar, o si tienen un significado oculto que se le escapa.

En conclusión, La muerte y la primavera es un libro muy duro, muy deprimente, pero está escrito de una forma tan genial, que compensa, y que es algo que vale la pena leer. Su lectura es toda una experiencia ya que la autora consigue meterte dentro de la historia, transmitirte un cierto estado de ánimo. En cualquier caso, es toda una experiencia.

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