11 sept. 2013

El hombre que ríe de Victor Hugo


Hace algo más de un año leí El Noventa y Tres de Victor Hugo, lo que avivó mis ganas de leer más de este célebre autor francés – hasta ahora Notre Dame de Paris y Los Miserables, títulos a los que ahora se añade L'homme qui rit. Según he leído en la wikipedia, Hugo quería hacer una trilogía 'política'. Un libro que tratase de la aristocracia, otro de la monarquía y el último de la revolución. Éste es el libro que trata de la aristocracia, El Noventa y Tres de la revolución, y desgraciadamente el autor falleció antes de escribir el tercer libro.

En la Inglaterra del finales del siglo XVII ciento setenta y dos de los cinco millones y medio de ingleses acumulan el 10% de la riqueza. Y no sólo eso. Son libres de matar a quién quieran, no se les puede procesar por ello y además tienen un rango superior a los jueces. Es un país dónde circulan los comprachicos, unos nómadas que se dedicaban al tráfico de menores. ¿Y qué hacían con ellos? Los convertían en monstruos para el entretenimiento de tanto el pueblo llano como los nombres y para la satisfacción de sus bolsillos. El protagonista de ésta historia, Gwynplaine, fue vendido a ésta compañía con tan sólo dos años. Entonces le sometieron a terribles operaciones quirúrgicas – y de aquella época – para transformar su rostro de tal forma que su expresión fuera constantemente la de una risa macabra. Cuando, finalmente, el rey y el Parlamento deciden legislar en contra de tales prácticas, abandonan a Gwynplaine, con diez años, a su merced. En su odisea salva de la muerte a un bebé de apenas unos meses y es acogido por Ursus, que se llama a él mismo médico y filósofo pero que sin duda tiene algo de canalla.

Pero Hugo no centra su atención sólo en las clases bajas, si no que también describe los movimientos, las artimañas, las conspiraciones y las envidias de la clase alta, de la corte inglesa. A través de Barkilphedro, un advenedizo con ganas de vengarse de la mujer que le ayudó a ascender en la sociedad, conocemos todos los trapos sucios de los lords, ladys e incluso de la pareja real. 

El autor no se contenta con sólo esto, si no que además da mil y un detalles sobre la historia de cada familia, de leyes, de edificios, de instituciones, y de cualquier cosa que se le relacione. Creo que esto es definitivamente un rasgo característico de las novelas de Hugo que a mí particularmente no me entusiasma. Hay datos que sí que me parecen muy interesantes y realmente se nota que el escritor ha hecho un trabajo exhaustivo investigando cómo era la Inglaterra durante aquella época.
Además de esto, a través de la boca de Ursus y de Gwynplaine Hugo da rienda suelta a sus opiniones políticas, a sus ideales, con largos, elocuentes y grandilocuentes discursos. A mí particularmente, aunque estaba de acuerdo con el mensaje, la forma me parecía demasiado pomposa como para que no me hartase un poco. 
Pero su estilo es maravilloso, es un deleite leer sus descripciones, creo que su francés es perfecto. Me gustaría poner alguna cita de la novela – me he apuntado muchas – pero no me atrevo a hacer una traducción chapucera de sus palabras. Hugo a lo largo de su vida fue el autor de novelas, obras de teatro y poemas. De estos dos últimos géneros utiliza la agilidad del diálogo del teatro y la lírica de la poesía. Así pues en la mayoría de interacciones entre personajes – salvo cuando le da por escribir eternos monólogos – muy dinámicas y las descripciones del paisaje, de los sentimientos de un personaje, o una combinación de ambos son bellísimas y, cuando se anima, verdaderamente épicas. 
En 2012 se llevó éste libro a la gran pantalla, ¡y yo sin enterarme!
Un corto comentario sobre los personajes. La complejidad del carácter no es uno de los fuertes del autor. Los rasgos de cada uno son establecidos cuando aparecen por primera vez en la trama y así se mantienen a lo largo de la novela. Eso no implica que sean completamente aburridos, me lo he pasado bastante bien leyendo las aventuras de Ursus y su lobo Homo, o de Barkilphedro. El protagonista, Gwynplaine, es un símbolo de esa época, de aquél horror macabro, testigo de una aristocracia hipócrita y podrida. También es una voz por la cuál el autor puede transmitir sus opiniones al público. Y finalmente también es una contradicción andante, es un monstruo y a la vez es un ser ideal, puro. Otro que personaje que es un idea y símbolo es Dea, la joven que salvó el protagonista cuando tan sólo era un bebé. 
Estos dos están enamorados y en esta ocasión Hugo ha puesto a prueba mi capacidad para tolerar el melodrama. En serio, tengo mis límites y a veces me parecía demasiado insoportable el nivel de ñoñez de ésta pareja, y hacia al final de drama a lo película de sábado por la tarde. 

En conclusión, este libro no está nada mal (de hecho creo que me ha gustado más que Los Miserables). Tiene una trama entretenida, aunque un poco previsible en mi humilde opinión, interesante para a quiénes les guste la ficción histórica bien documentada, y en general muy muy bien escrita. Simplemente debéis sopesar esto frente a vuestra tolerancia hacia las historias de amor melindrosas.

4 comentarios:

  1. No me disgusta pero los clásicos me cuestan y la verdad es que prefiero leer antes el de notredame o el de los miserables.
    Un beso!

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  2. Esto no es una reseña ¡¡es un reseñón!!. Aplausos, Teresa. ¿De verdad que te ha gustado más que Los miserables?

    Besos!

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  3. a mi me gusta la ficcion historia bien documentada asi que lo apunto

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  4. ¡Hola! Quería avisarte que tienes un premio en mi blog. Pásate cuando puedas. ¡Un saludo!

    http://bordedelarealidad.blogspot.com.es/2013/09/primer-premio-para-el-borde-de-la.html

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