10 ene. 2014

La Tierra de Émile Zola


Parece que, aunque inconscientemente, tengo la tradición de empezar el año leyendo algo de Émile Zola – el año pasado tuve el placer de leer Nana. Además, desde abril que no leía nada suyo, y ya echaba un poco de buena literatura francesa en falta. Para variar, el orden en el que leo los libros de la saga Rougon-Macquart no tiene nada que ver con el de su publicación. El último que leí, Pot-bouille, era décimo de la serie (de veinte) y éste es el número quince!

Resumen: Situada en los años 1860, Jean Macquart es uno de los descendientes de los protagonistas de La Fortuna de los Rougon que, tras haber sido soldado, decide no regresar a su ciudad natal, y opta por trabajar como jornalero en la zona de Beauce, cerca de Chartres. Allí conoce a todo el pueblo, y en especial a la familia Fouan, que es casi tan grande como la suya. Mientras Jean se va enamorando de Françoise – algo que no quiere reconocer ya que la chica es quince años más joven que él – la familia de la chica entra en una feroz batalla por la herencia del padre que tendrá consecuencias nefastas sobre todos.

Opinión: Puede que sea cosa mía y que ya le haya cogido el truco (o cariño) a Zola, pero de todas formas este libro me ha encantado. A pesar de lo que haya podido sugerir en el resumen, no se trata en absoluto de una historia de amor, o al menos en el sentido convencional. El autor se centra en especial en la relación entre el hombre, el campesino y su tierra. Jean está excluído de esta relación porque no pertenece a la región y nunca ha sido campesino. Pero los protagonistas son realmente la familia Fouan y sus vecinos. El viejo Fouan, muy a pesar de todo, decide repartir sus tierras antes de morir, ya que es demasiado buenas para cultivarlas. Luego está la muerte del padre de Françoise y de Lise, que va a hacer de ellas herederas y un buen partido. Lise, que ya tuvo un hijo fuera del matrimonio con Buteau, un hombre que no ha querido saber de ella hasta saber de que podría ser propietario de un trozo de tierra. 
Es increíble la forma en la que el escritor transmite la pasión que tienen los habitantes de Beauce por la tierra. A lo largo del libro va describiendo las distintas etapas por las que cada año pasa un campo, desde la siembra hasta la cosecha, bajo un sol abrasador o una tormenta sin clemencia, y a pesar de todas estas calamidades – o quizás a causa de estas –, el campesino está irracionalmente apegado a ella. Los personajes más viejos ya tienen en su sangre ésta pasión, y no tienen compasión por los que deciden desprenderse de sus terrenos. Lo que es interesante es ver como los personajes más jóvenes, poco a poco y sin darse cuenta, construyen una fuerte relación con la tierra. Françoise y Lise podían ser las dos hermanas mejor avenidas del mundo, pero cuando les toca repartir la herencia y, al ser menor, Françoise debe ceder temporalmente su parte a su hermana, eso generará un daño irreparable. Por otra parte, el marido de Lise, Buteau, y sus hermanos, también andan detrás del dinero de su padre, del que ya han obtenido las tierras. Y entre estos personajes se genera un vórtice de acciones cada vez más horribles y espantosas. Parece que no haya límites a su voracidad, a su hambre de tierras. Y lo mejor es que luego se sienten personas honradas, decentes, y capaces de juzgar al resto de personas que no son terratenientes. Hipocresía de la buena. De esta forma los personajes secundarios que no son campesinos sirven de contraste. El que es quizás más evidente es el de la familia Charles, que durante tres generaciones se han dedicado a regentar un burdel en Chartres. Podrán conseguir su dinero de una forma 'inmoral', pero son una familia feliz y buenas personas en general.
No sorprende que esta obra generara escándalo y muchísimas críticas cuando se publicó. En primer lugar, Zola no se detiene a la hora de describir escenarios de la vida rural que se distancian del idilio que tienen en mente los habitantes de ciudades, como es una 'preciosa' escena donde una vaca embarazada tiene graves problemas a la hora de dar a luz. En segundo lugar, las actitudes, carácter y acciones de los personajes distan mucho de los que se les suele a los campesinos. Hay escenas de sexo – obviamente con poquísimo detalle, pero queda muy claro lo que es – y de violencia a un nivel inadmisible para la sociedad de finales del siglo XIX.
Finalmente, Zola no sólo realiza un conseguidísimo retrato social de la campiña francesa, si no que también hace una reflexión sobre el estado presente y el futuro de la agricultura. A lo largo del libro hay más de una alusión y varias discusiones acerca del crepúsculo del sector primario. Entre el grano baratísimo proveniente de Estados Unidos y su incapacidad para adaptarse a las técnicas modernas, cada vez obtienen menos rentabilidad. Y no solamente eso, además hay la presión de los dueños de industrias que quieren que baje el precio del grano para así poder bajar el salario a los obreros (un pequeño guiño a otra de sus obras como Germinal).

Concluyendo, Zola raramente decepciona y en este libro nos da una visión muy cruda del mundo de la agricultura. No sólo por lo dura que es la vida allí, el esfuerzo que requiere, pero también la esclavitud, la tiranía que ejerce la tierra sobre ellos, como les transforma. El autor no tiene piedad a la hora de mostrar los aspectos más perturbadores de la naturaleza humana.

4 comentarios:

  1. Yo ya sabes que de Zola sólo he leído el Paraíso de las Damas y como tenía intención de leer más libros suyos conseguí Therése Raquin para leerlo cuando pueda, ya sabes, tengo un montonazo de libros por leer.

    Me anoto este para un futuro, espero, no muy lejano.

    un besito Tere <3

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  2. Pues estoy a ver si me estreno con la autora, que los Reyes me han traído uno de sus libros =)

    Besotes

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  3. Me gusta encontrarme a clásicos por la blogosfera :) Y me gusta que hayas matizado que no es exactamente una historia de amor, o más bien amor a la tierra. Creo que me apetece más así ;)

    Besos

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  4. Para mí Zola es un autor imprescindible, y me deja siempre perplejo que escenas como la que comentas de la vaca se publicasen el siglo XIX... Creo que en la sociedad actual serían impensables.

    Ahora estoy con Pot-Bouille (voy completando poco a poco lo que me falta de leer de Les Rougon-Macquart), pero no me está entusiasmando demasiado.

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