28 ago. 2014

El Sol en Esplendor: Una novela de Ricardo III de Sharon Kay Penman

Esta preciosidad de portada es la que tiene mi edición.

Hace unos días terminé de leer The Sunne in Splendour (El Sol en Esplendor) de Sharon Kay Penman. En principio, y a pesar de haber escrito mi reseña más larga en GoodReads hasta la fecha, no me veía con ánimos de hacer lo mismo en el blog (en unos días tengo pensado escribir sobre esto). Pero, tras varios intercambios de tweets con Polly (que, por cierto, fue la que me regaló el libro) decidí que este libro se merecía también su reseña aquí.

ALTO:  Esta reseña contiene spoilers. Es decir. Spoilers de eventos históricos que podéis encontrar en 2 segundos en la Wikipedia como que algún que otro rey murió. Personalmente yo no los pondría en esa categoría pero, en todo caso, quién avisa no es traidor.


Así sale Ian McKellen en la película (son muy sutiles con los
paralelismos). Por cierto, Richard III era mucho más joven,
de hecho, murió a los 33 años.
Aunque siempre he tenido afinidad por lo británico, creo que mi curiosidad por su Historia despertó (o, al menos, aumentó exponencialmente) hace tres veranos, cuando se emitió The Hollow Crown que me dejó maravillada. Esta traía a la pequeña pantalla cuatro obras de William Shakespeare: Richard II, Henry IV (dos partes), y Henry V. Éstas no fueron las únicas obras con las que el poeta quiso “dramatizar” la Historia de su país. De hecho, tiene otra tetralogía en la que se encarga de los tres reyes que le siguieron: Henry VI (tres partes) y Richard III, que cubren el periodo de la Guerra de las Rosas. Hace un poco menos de un año vi una adaptación moderna de esta obra (con Ian McKellen haciendo de Richard) y me quedé atónita. En las anteriores obras de Shakespeare que había visto o leído (a parte de algunas comedias como Mucho ruido y pocas nueces) estaban caracterizadas por un minucioso estudio del carácter de
los personajes, de una capacidad para dejar ver sus debilidades y sus matices. Este no era el caso con el último rey de la dinastía Plantagenet. Era algo aberrante, el personaje de Richard estaba tan claramente demonizado que daba vergüenza.

Un retrato de Richard III vs. su último intérprete en la pequeña pantalla, Aneurin Barnard en The White Queen.
Dada mi total ignorancia sobre el contexto político en el que Shakespeare escribió la obra, no podía entender qué había llevado al autor a hacer tal caricatura. Y, sabiendo de que lo que había visto no podía ser verdad, me interesé por la historia de esta guerra. 
No sé si sabéis algo sobre el tema, al principio yo tenía una vaga idea: que se trataba de una guerra entre dos grandes familias nobles, York y Lancaster, por el trono inglés. Ahora sé que al final quiénes ganaron fueron los Tudor. Y así se explica que Elizabeth I, una Tudor, tuviera tanto interés en calumniar al rey a quién su abuelo, Henry VII, había arrebatado el trono. 
Bueno, esto ha sido una larga disgresión, así que al tema. The Sunne in Splendour es una historia sobre la Guerra de las Rosas. El título viene por el estandarte de Edward IV, hijo del duque de York, que “sucedió” a Henry VI de Lancaster. Tiene un subtítulo, ‘Una novela de Richard III’, lo que parece algo contradictorio. Habiendo leído la novela, tengo al sensación de que Richard sólo llegó a ser rey porque su hermano, Edward IV, murió repentinamente, que fue una víctima de una cadena imparable de eventos fuera de su control. 

Los tres hijos varones del Duque de York – Richard, Edward, y George (de izquierda a derecha) – son tres de los
protagonistas principales. De George, Duque de Clarence (porque esta gente se inventaba títulos a mansalva), no os he hablado, pero vaya con las que se traía el hombre).
Aunque Richard sea el personaje principal (sobretodo a partir de la segunda mitad de la novela), la historia se narra a través desde casi una docena de puntos de vista.  Empieza cuando Richard es un niño y la guerra ya ha empezado, y finaliza con la muerte de Richard (no, esto no es un spoiler) y las consecuencias que esto tuvo. Esto son casi tres décadas y, seguro que no os sorprendo, mi edición tenía más de 1200 páginas. Para los que ya estáis tachando mentalmente la posibilidad de leer este libro, cabe decir que yo lo acabé en seis días.


Es un libro que está muy bien escrito. Quizás desde un punto de visto estilístico la prosa de Penman deje un poco que desear; a mí me cuesta notar estas cosas y en más de una ocasión me di cuenta de que habían expresiones que se repetían; pero creo que su capacidad para explicar los hechos con claridad es excelente. Ésta época es muy convulsa, hay muchos jugadores importantes, y la cantidad de alianzas que se hacen y se deshacen es mareante. Y aún así – a pesar de las traiciones y de los pactos secretos – pude orientarme sin ningún problema en las intrigas palaciegas que narra la novela. 

A pesar de los numerosos personajes, en cualquier momento sabía a qué familia pertenecían, a quién apoyaban, si eran de fiar, etc. No sabría decir cómo lo hace, pero en todo caso nunca miré la lista de personajes que hay al principio de mi edición. En parte, creo que es porque hay momentos del pasado que vuelven a ser mencionados varias veces – sean recuerdos de juventud, o de batallas, o de muertes de familiares – que te vuelven a poner en contexto, pero que además, al salir espontáneamente de los pensamientos del personaje que narra en ese momento, le da una mayor sensación de realismo. En cualquier caso, la verdad es que la historia engancha, y mucho, a mí personalmente porque me encanta todo lo referente a conspiraciones políticas y demás. 

Hay creo que un par de batallas descritas en el libro, y se hacen más amenas de lo que esperaba.
También hay cierto espacio para las relaciones humanas, no os creáis, que 1200 páginas dan para mucho. En especial, aunque la novela explora las diferentes relaciones entre personajes, entre las amorosas destacan la pareja de Edward IV y Elizabeth Woodville – un matrimonio bastante particular y que funciona bien por motivos que deben ser difíciles de entender para alguien que no sean ellos mismos – y Richard III y Anne Neville (son rematadamente adorables, aunque con sus problemas, como toda pareja normal). También es muy interesante la relación que se va desarrollando entre Richard III y su hermano mayor Edward IV. Es una relación que se establece cuando los dos ya son (casi) adultos, habiendo crecido separados, por lo que no tienen este vínculo que une a la mayoría de hermanos, es… extraño. Y el contraste de sus personalidades, y cómo a veces no consiguen entenderse el uno al otro, lo hace aún más interesante. 

Martin Freeman (Sherlock, Fargo) en la nueva producción teatral de Richard III de Shakespeare.
Aquí sí que tiene pinta de cargarse a cualquiera que se interponga en su camino al trono.

Esto me lleva a los personajes. Richard es el protagonista y Penman, a diferencia de la gran mayoría de autores y historiadores, está más bien sesgada a favor suyo. Por ejemplo, aunque nunca ha aparecido en un documento oficial, la leyenda dice que Richard encargó matar a sus dos sobrinos, aunque nunca se llegaron a encontrar los cuerpos – es el caso de ‘Los Príncipes de la Torre’ – mientras que Penman lo atribuye a otro personaje (del que también se tienen sospechas). Y no es algo inverosímil sinó al contrario, Richard tenía mucho que perder con la muerte de los dos muchachos. Pero mejor dejo estar mis ansias de conspiranoias y misterios sin resolver.

Edward IV. Si esto es ser guapo para la
gente del siglo XV suerte
tengo de vivir en el s.XXI.
Sin embargo, si los otros lo pintan como la encarnación del diablo, ella tampoco lo describe como un cúmulo de perfección. Richard puede ser alguien muy inteligente pero se deja llevar por sus emociones. En particular, una vez que alguien se ha mostrado digno de su lealtad, la tendrá para siempre, y eso le acarrea serios problemas. También es alguien que tiene muchos valores morales y, peor, que pretende vivir en acorde con ellos. En resumen, es un idealista. Edward es otro que se lleva gran parte del protagonismo y debo admitir que está a la par con Richard, aunque por motivos muy diferentes. Edward es lo que se dice un bon vivant y un pragmático ante todo (además de que se supone que guapísimo, alto y fuerte). 



Luego están los personajes femeninos y todos, incluso la pobre Anne Neville, son tremendamente atractivos. No son mujeres pasivas que se limitan a sufrir los estragos de la guerra si no que toman parte en cómo se desarrolla el conflicto, y sin duda causan tantos problemas como los hombres. Como Elizabeth Woodville, creo que en contadas ocasiones he llegado a odiar tantísimo a un personaje como a ella. Pero esto a su vez me recuerda a lo que otros hicieron con Richard III. Ante esto tengo dos matices que ofrecer. 
Elizabeth Woodville.
Esta sí que sabía cómo salirse con la suya.
El primero es que Penman no llega a los mismos extremos que los detractores de Richard, simplemente es que es una mujer obsesionada por la ambición y el deseo de hacer prosperar a su familia, lo que crispa el clima político, y muchas de sus acciones pueden resultar muy, muy, frustrantes para el lector. Incluso Marguerite d’Anjou (la mujer de Henry VI de Lancaster) no era tan odiosa, y mira que la mujer lo intentó con ganas. Pero nadie supera a Elizabeth y su terquedad (también se supone que era una mujer guapísima). El segundo es que, como bien señala Penman, al final de la novela, muy poco información ha sobrevivido sobre la personalidad de las mujeres, incluso de las reinas. Y ahí es dónde se puede dar rienda suelta a la imaginación. Es uno de los “problemas” de la ficción histórica cuyos personajes realmente existierion; uno siempre tiene cierto recelo cuando lo lee y, al menos yo, se pregunta si realmente pensó eso, o hizo lo otro, etc. Pero la verdad es que la autora es capaz de otorgar una cierta lógica y consecuencia tanto a los actos como a los pensamientos de los personajes a lo largo de la historia. 

Richard III y Anne Neville. En la novela su historia de amor es de lo más enternecedora que he leído.
(Al contrario de, por lo que leo en la Wikipedia, lo que sugieren en The White Queen, que pintan a Anne
como otra mujer calculadora y con ganas de ser reina).
Creo que esto resume (sí, es un eufemismo) bastante bien lo que me ha parecido la novela. Me lo he pasado muy bien leyéndola y he aprendido un montón sobre ese periodo. La recomiendo con creces a todos aquellos que estén interesados por la Historia inglesa o los que se entretengan con la ficción histórica, esta novela es de lo mejorcito que hay. 

                                                                      ***      ***      ***


Esto es una especie de apéndice. Hace años leí que George R. R. Martin se había inspirado en la Guerra de las Rosas para escribir Canción de Hielo y Fuego (o Juego de Tronos para los que veáis la serie) y mientras leía The Sunne in Splendour me venían a la cabeza ciertas partes o personajes de la saga. Por ejemplo:
– Un rey que no acaba de estar muy bien de la cabeza 
Veo que alguien más de Internet coincide conmigo.
– Un rey que disfruta de todo los aspectos de la vida (y es infiel a su bella esposa) que muere súbitamente
– Un candidato al trono que está en otro país, al otro lado del mar. (Y a quién nadie hace ni caso y da la gran sorpresa)
– Lannister (Lancaster) vs. Stark (York), no me negaréis el parecido.
– Un matrimonio secreto que lo echa todo al traste
– Una madre sobreprotectora y manipuladora que quiere que su hijo sea rey y hará lo que haga falta (y de estas hay dos en la novela). 
Y hoy mismo he pensado en algunos paralelismos entre Tyrion y Richard
– Los dos son los hermanos pequeños de la familia
– Tyrion es un enano y a Richard siempre lo han descrito (póstumamente) como alguien deforme, con una cojera, con un brazo más largo que el otro, e incluso con joroba. En aquella época se creía que la apariencia exterior revelaba la salud del alma. 
– Los dos se casan con una mujer de una familia noble que antes había sido rival (Sansa Stark vs Anne Neville), pero que han derrotado. (Y el padre de dicha muchacha ha sido ejecutado por traición).
– Los dos se convierten en “regentes” (Mano del Rey vs. Lord Protector del Reino) de un rey-niño (Joffrey vs. Edward V), y le acusan de su asesinato (entre otros). 

Pero alto, esto no quiera decir que George R. R. Martin haya copiado descaradamente de los anales de la historia británica. Este tipo de cosas no eran nada inusuales en el medievo y, al ser Westeros un universo medieval, es normal que ocurran el mismo tipo de cosas. Lo que quiero es que os animéis a leer este libro viendo rasgos en común con una saga que ha enganchado a muchísima gente.
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