22 nov. 2013

La mujer comestible de Margaret Atwood


El año pasado descubrí a Margaret Atwood gracias a El cuento de la criada y, desde entonces, ningún libro suyo te. Eso sí, todos ellos eran de ciencia ficción – o, como El Asesino Ciego tenían pinceladas propias del género –, en cambio La mujer comestible es 'realista'. Además, se trata de la primera novela de la autora. 
Pero no quiero olvidarme de lo más importante de todo, muchísimas gracias a Polly de Pluma, espada, y varita que me regaló tu ejemplar. Una de las razones por las que siempre preferiré los libros de papel es porque son contenedores de recuerdos, y no puedo expresar con palabras la ilusión que me hizo recibir ésta novela. 


Resumen: Marian MacAlpin es una joven licenciada que, a finales de la década de 1960, sólo logra encontrar trabajo en una empresa que se dedica a realizar investigaciones de mercado, es decir, encuestas. Vive en un diminuto apartamento con una de sus compañeras de universidad, la excéntrica Ainsley, en una casa propiedad de una mujer muy puritana y su sobreprotegida hija. 

Opinión: La novela está dividida en tres partes, cada una marcando un punto clave en la vida y el desarrollo psicológico de Marian. Empieza con una introducción a su día a día, desde la falta de estímulos de su trabajo hasta su relación con su novio, Peter. Se trata de un hombre que, en
principio, está orgulloso de su soltería, como otra forma de demostrar su masculinidad. Pero rápidamente se va quedando sólo cuando sus amigos son 'atrapados' por una mujer. Entre esto y la llamada crisis de los treinta, Peter le propone matrimonio a Marian, que casi otorga el sí por su silencio. En más o menos el mismo momento conoce a Duncan, un estudiante de licenciatura de filología de último curso, que es alguien completamente opuesto a su novio. 
Y no, no es lo que estáis pensando, no es una bonita historia de amor sobre cómo Marian y Duncan acaban juntos, porque su novio es un machista insufrible. No, aunque lo de su novio es cierto, La mujer comestible es un tremendo trabajo por entrar en lo más íntimo de una persona, en su forma de ser, y más aún, en su subconsciente y cómo lo que ocurre a su alrededor y los dogmas impuestos por la sociedad – de los que ni ella misma es consciente a veces. La novela trata de cómo Marian, poco a poco, va renunciando a partes de su personalidad para acomodarse a su nuevo rol: el de esposa y ama de hogar. Pero inconscientemente ella sabe que esto está mal y su cuerpo va a manifestarse en extrañas circunstancias y formas cuando menos se lo espera. Por ejemplo, poco a poco se va a ver incapaz de ingerir ciertos alimentos. 
Aunque Marian sea el personaje principal de la novela y el foco a través del cuál se cuenta toda la historia, también conocemos bastante a fondo a Peter, Ainsley y Duncan. Hay muchos otros, como las 'vírgenes' de la oficina de Marian o su amigo Len, a quién sólo le gustas las chicas muy jóvenes. No quiero estropearos el gusto de leer estos personajes, pero quiero hablaros de Ainsley y Duncan. Ainsley se quiere alejar del estereotipo de mujer-florero de la época, y decide tomar el control de su cuerpo mediante una radical decisión, especialmente en aquellos años: tener un hijo ella sola, contando con un hombre sólo para la primera etapa. Pero eso no implica necesariamente que sea una mujer moderna, independiente, también está plagada de prejuicios de los que no puede librarse – por ejemplo, que si su hijo cree sin una figura paterna se 'convertirá' en homosexual. Tanto ella como Duncan no son personajes que me 'caigan bien', aunque sean un agradable contraste respecto a Peter, que me provoca urticaria. Por su lado Duncan es como la antítesis del 'macho' que se suponía que debía ser el hombre. Es delgaducho, evita cualquier contacto con la realidad, pero también necesita que alguien cuide de él y, al menos en mi opinión, me parece bastante egocéntrico, o al menos con poca empatía hacia el resto de los seres humanos. Sin embargo su 'química' con Marian es especial. A veces he llegado a pensar que Atwood se lo sacaba de la manga para hacer de detonador, para sacudir un poco a su aturdida protagonista. 

En conclusión, La mujer comestible me ha parecido una excelente primera novela, que ya inaugura el tono de Atwood, con una prosa delicada pero que a la vez tiene este punto incómodo que te hace plantearte muchas cosas. Además, se trata de una extraordinaria novela psicológica que nos recuerda con una buena dosis de realidad cómo eran las cosas hace tan sólo cuarenta años. 

18 nov. 2013

Escuchando desesperadamente a....

Kingcrawler de Miles Kane! Aunque me encante el disco que sacó en verano, ésta canción la tengo pegadísima. Y mejora tantísimo en directo que no me importaría que la tocara en bucle.


Vampire!! Vampire!! de ME. Ha sido mi descubrimiento del otoño. Tienen otras canciones que están bien como Hoo Ha o Trails in the sky, todas de su último álbum, Even the Odd Ones Out.

Aunque Do I Wanna Know y Knee Socks me tienen más enganchada de lo que me gustaría admitir, tampoco está mal volver a las raíces de los magníficos Arctic Monkeys, a los que vi hace dos días en el Pavelló Olímpic, con esta canción de su segundo álbum, Favourite Worst Nightmare.

14 nov. 2013

Reseñas Express #10

Me regalaron este libro por mi cumpleaños y desgraciadamente no acertaron mucho. Éste libro trata de tres parejas de entre treinta y cuarenta años, que ya tienen hijos y han 'sentado la cabeza', y cómo se enfrentan a sus problemas conyugales. Todo empieza cuando los respectivos maridos deciden
reunirse una vez a la semana para hablar de sus cosas. No sé por qué pero esto causa un tremendo revuelo y las respectivas mujeres se indignan y se enfadan muchísimo. Lo que se supone que este libro quiere hacer es hacer un retrato de estas parejas que se juntaron después de la revolución sexual y que respetan la igualdad de sexos, aunque a veces se lleve un poco demasiado lejos. Es decir, que 'pobres' hombres que les hacen ir a comprar y no saben qué pescado es el adecuado, o 'pobres' hombres que tienen que planchar. Las mujeres también tienen su parte, pero esencialmente es todo un sinfín de clichés. Sí, aunque haya igualdad de hecho puede ser que la mayoría de hombres de esta edad aún les parezca difícil planchar o coser, o que podrían estar haciendo mejores cosas que acompañar a los hijos al tenis. Pero lo importante aquí no es darse cuenta de esto – que creo que es bastante obvio – si no intentar comprender el porqué – ejemplo: han recibido una educación que les ha hecho así. Por lo tanto es un libro completamente superfluo, entretenido a veces, pero creo recordar que existen tropecientasmil comedias francesas con el mismo tema y más o menos el mismo desarrollo. Y además a medida que va avanzando la historia cada vez se vuelve más y más cursi y ñoña e insoportable. En fin, no sé si lo he dejado lo suficientemente claro pero no me ha gustado este libro. Por si teníais curiosidad, creo que no se ha traducido al castellano. 

¡Otro regalo de cumpleaños! No me acuerdo de la primera vez que oí hablar de La Naranja Mecánica, pero seguramente fue al ver algún documental por la tele sobre Kubrick (que adaptó la novela de Anthony Burgess a la gran pantalla). 
La novela podría bien transcurrir en la actualidad – aunque fue publicada en 1962 – en cualquier ciudad de un país desarrollado. El protagonista se llama Alex, es un joven de quince años que hace novillos aunque sea bastante listo, y que le encantan compositores clásicos como Beethoven, Mozart o Bach. Otro de sus pasatiempos es salir de noche con tres de sus compinches y dedicarse a apalizar, robar y violar a quién le haga más gracia. Claro que todo esto, en un sistema que no piensa en remediar esta violencia, al final acaba teniendo sus consecuencias. 
La novela es muy, muy, violenta. Es violencia sin sentido pero sin propósito. Puedo tolerar la violencia sin sentido si tiene un propósito. Aquí yo no he visto ninguno. Está allí, es horrible, y ya. No se da mucha información sobre cómo es el mundo en el que vive Alex, por qué es así, y no hay mucha reflexión más allá de las típicas (pero superficiales) críticas a un gobierno (que si no sirve para nada, que si solo busca el poder, etcétera etcétera). Lo único encomiable es el esfuerzo que hizo el autor para inventar un nuevo leguaje, un argot, para el hablar de los adolescentes (aunque dificulta un poco la lectura). 

10 nov. 2013

The Wire (Temporada 5)


De verdad que no sé como escribir esto, hace unas horas que acabo de finalizar la serie The Wire y mi cabeza aún le está dando vueltas – y mucho me temo que seguiré así durante un tiempo. Intentaré reseñar la temporada como se merece, teniendo en cuenta de que seguramente la gran mayoría no habrá visto ninguna de las anteriores temporadas.

La quinta temporada de The Wire se sitúa en 2008, en la ciudad de Baltimore. Debido a la crisis y a el gran endeudamiento del sistema educativo, el nuevo alcalde de la ciudad, Tommy Carcetti (Aidan Gillen, 'Meñique' en Juego de Tronos), se ve obligado a incumplir todas sus promesas (¡qué sorpresa!) y a recortar a lo grande el presupuesto de la policía de la ciudad a la vez que les exige un descenso del, como mínimo, 10% de la criminalidad para poder ser elegido Governador.
Los detectives Freamon y McNulty
¿Qué quiere decir esto? Pues resulta que s debe cerrar su investigación sobre Marlo Stanfield (Jamie Hector, Heroes) el nuevo señor de la droga de Baltimore. Y no sólo esto, los detectives ven que ya no tienen recursos para resolver crímenes – tienen que coger el autobús para ir a la escen
a de un crimen, literalmente – y, sobretodo, no les pagan la nómina desde hace unos meses, cuando hace poco el alcalde les prometió un aumento del 5% en sus salarios.
Esto cabrea a muchos, pero al que más es a Jimmy McNulty (Dominic West, The Hour), que no puede soportar estar sin un caso y se frustra al ver que su amigo Lester Freamon (Clarke Peters, Person of Interest) tener que abandonar el caso de su vida. Por eso decide ir hasta el límite de lo imaginable: inventarse un asesino en serie. Manipulando pruebas en la escena del crimen (y mucho más) Jimmy crea a un asesino que mata a indigentes, y logra interesar a la prensa gracias a Scott Templeton, un periodista de The Baltimore Sun.
En esta temporada se pone mucho énfasis en el mundo de la prensa. El periódico The Baltimore Sun no sólo debe enfrentarse a la crisis económica, si no también al auge de Internet y de los periódicos online que les están quitando una buena parte de sus ingresos. Por esta razón, poco a
Los periodista de The Baltimore Sun.
poco los jefes se vuelven menos rigurosos y prefieren dar baza a historias sensacionalistas, aunque no sean del todo ciertas. Ahí entra Scott, que sabe muy bien las necesidades de los lectores – de tragedia humana con un toque de sentimentalismo cursi y de patriotismo – y no dudará en 'arreglar' la historia para que entre en este marco. Entonces, al encontrarse con la historia del asesino en serie, no dudará en aprovecharse de ella para ser famoso. 
Pero en ésta temporada de The Wire tampoco se olvidan del mundo de las drogas. Marlo está harto de la cooperativa y sólo piensa en ser el 'rey', y para ello debe encargarse de Proposition Joe y de Omar Little (Michael K. Williams, Boardwalk Empire).
Además, también siguen con las vidas de los muchachos que abandonaron el instituto, por no tener otra opción, y entraron de lleno en el mundo de las drogas, siendo traficantes o peor, creyendo que son algo más que peones en éste juego. 
Y me dejo muchos personajes, como Bubbles o Bunk, que siguen por ahí, y cada historia es un mundo y una forma de retratar el sistema. 

Ésta temporada me ha parecido algo irregular. Es decir, no nos confundamos, sigue siendo una maldita genialidad que debería ser venerada. Pero a veces el ritmo, la historia, hacen altibajos. Pero sin duda alguna es brillante. Todos los aspectos que han sido analizados a lo largo de cuatro inolvidables temporadas se juntan – algunos más que otros, pero siempre perceptibles, aunque sea en pequeños detalles, que marcan toda la diferencia – para ofrecer un lúcido retrato de los Estados Unidos, o al menos de Baltimore y ciudades parecidas, lejos de la fantasía del 'American Dream'. 
Nunca dejaré de alabar el guión, porque hay escenas, sean entre señores de la droga o policías, que te ponen los pelos de punta. La capacidad que tienen para comprender los problemas que existen y dejarlos ver de una forma tan precisa (y a la vez siendo una serie de entretenimiento) es increíble. Y, además, en ésta última temporada, tras todas las dificultades y estragos por los que han pasado todos los personajes, te das cuenta de que todo ha sido en vano, de que todo sigue igual, traficantes, drogadictos y policías. 


Para mí ver The Wire ha sido toda una experiencia. Me he encariñado con (casi) todos
los personajes, vengan de dónde vengan, porque son rematadamente humanos, porque los guionistas son tan crueles que dejan cualquier noción de 'buenos' y 'malos' lejos del alcance del espectador, casi obligándole a posicionarse, a meterse en una piel ajena (y tan ajena). Ahora que tengo perspectiva sobre toda la serie no dudo ni un segundo en decir que se trata de una de las mejores series que he visto jamás y que, quizás en unos años, la querré volver a ver, y sus verdades seguirán doliendo igual. Porque, sin spoilers, los últimos cinco minutos de la quinta temporada son como si te dieran constantemente patadas en el estómago con unos zapatos muy puntiagudos. 
Pero, en serio, impresionante. 

6 nov. 2013

Amrita de Banana Yoshimoto


Debido a mi voluntad de ahondar en la literatura de otros países y culturas, especialmente la asiática, hace unos meses leí un relato corto de Banana YoshimotoKitchen, con el que me llevé una buena impresión. Un día estaba curioseando entre las estanterías de mi hermana y vi que tenía otro libro de la misma autora, Amrita, y lo tomé prestado enseguida. 

Resumen: La historia empieza con la muerte de Mayu, la hermana de la protagonista, Sakumi, sin quedar muy claro si fue un suicidio o una mezcla mortal de bebida, drogas y medicamentos. Poco tiempo después de esto Sakumi cae por las escaleras y pierde parte de su memoria, lo que supone una especie de nuevo comienzo para ella, un replanteamiento de quién es y de cómo ve la vida.

Opinión: La primera palabra que me viene a la mente cuando pienso en esta novela es curiosa, es un tipo de novela que sale de lo convencional, o que al menos está fuera del marco general que se espera en una novela 'realista', y al mismo tiempo tratando de temas muy cercanos, no triviales, pero sí del cotidiano. 
La novela te sumerge en el mundo de Sakumi, una mujer completamente ordinaria, con una familia un tanto peculiar. A lo largo de la historia se van desarrollando y poniendo a prueba los lazos que unen a la protagonista con su familia y con el resto del mundo, cambiando su forma de entenderse a sí misma. 
Algo que no me gustó de la novela es la intrusión – por la puerta trasera – de un elemento de fantasía en la narración. Gran parte de la historia trata sobre la relación de Sakumi con su hermano, Yoshio, que descubre que tiene poderes. Es decir, Yoshio es un chico pre-adolescente extremadamente sensible pero que además posee una especie de sexto sentido que le avisa cuando algo – sea bueno o malo, o incluso un simple cambio de humor – ocurre a una persona cercana, entre otras cosas. Al principio incluso me parecía que tenía su punto de interés, para ver como la protagonista intenta lidiar con esto sin herir los sentimientos de su hermano que está pasando por un momento difícil. Pero es que luego casi todos los personajes que va conociendo Sakumi resultan tener algún tipo de facultad sobrenatural, sea la capacidad de ver espíritus o de hipnotizar. Y esto ya me pareció un poco demasiado. Es una simple preferencia mía, que se establezcan unas reglas del juego y se sigan acorde. Si la novela tiene lugar en la realidad pues no habrán elementos de cariz mágico o sobrenaturales. Por esta razón la lectura me perturbaba un poco cuando leía sobre episodios premonitorios o cosas por el estilo, en mi caso le quitaba parte del interés y de la capacidad explicativa del carácter de los personajes que se esforzaba en crear Yoshimoto
Banana Yoshimoto, la autora.
De todas formas, esto es sólo una parte del libro, y hay muchas otras partes que lo componen que me han gustado mucho. En éste libro la autora trata de temas muy cercanos, pensamientos que creo que todo el mundo tiene recurrentemente, sobre los problemas al lidiar con el dolor, las distintas formas de afrontarlo, la convivencia en familia, qué define un hogar, etc. También hay lugar para observaciones más generales, que no discusiones filosóficas, sobre la belleza, la vida, los extraños rumbos que ésta puede tomar, la aceptación de uno mismo y el paso del tiempo. 
No creo que pueda decir que ésta novela ofrezca una buena percepción de la sociedad japonesa, me parece más bien un retrato intimista de una persona y de la gente que la rodea. Aunque se den a ver cómo funcionan las relaciones familiares, en ningún caso la autora da la posibilidad de poder generalizar esto, ni ofrece un retrato de una clase, analizando sus costumbres y comportamientos. Como he dicho justo ahora, se trata de algo muy preciso, a lo cuál podemos empatizar a nivel personal, y en ningún momento trata de ser otra cosa.
Finalmente, quiero remarcar que la novela está narrada con un estilo impecable, que realmente sabe crear un ambiente cerrado, de tú a tú con el lector, logrando que el lector tenga la impresión de estar dentro de ésa familia. Me ha parecido muy bella la forma en la que está escrita la novela, combinando palabras, colores y sensaciones de una forma muy delicada y sutil, transmitiendo lo especial que tiene cada momento, por común que pueda parecer. 

En resumen, recomiendo a cualquiera esta bonita novela sobre cómo hay lugar para lo extraordinario, lo inesperado, la felicidad y la belleza en el día a día, incluso en los momentos más difíciles. Es un libro de temáticas universales, muy enternecedor, bastante ameno y con una buena escritora que hay que descubrir.

2 nov. 2013

The Wire (Temporadas 3 y 4)

                                   
















En Navidades me cansé de que todo el mundo – o al menos una gran parte de la gente que conozco – me dijera que mirase The Wire porque era una serie culto, una de las mejores que se habían hecho jamás, etc. Así que miré la primera temporada y no tuve más remedio que estar de acuerdo con ellos. A principios de julio me puse con la segunda temporada que, aunque mi reseña fuese menos entusiasta, con el tiempo ha subido de ranking y ahora me parece igual de buena que la anterior. 
Y más o menos desde finales de agosto que he podido ver la tercera y la cuarta temporada de esta magnífica serie.
De hecho, hago la reseña conjunta porque en su momento estaba demasiado enganchada perezosa a The Wire como para parar a escribir una reseña – y ahora quiero empezar la quinta y última temporada cuanto antes – porque seguramente estas dos temporadas son las que menos tienen en común. Es decir, sigue pasando en Baltimore y están (casi) los mismos personajes, pero hay algo en la tercera temporada que lo cambia todo. 
En fin, en la tercera temporada lo esencial es esto: hay dos personajes que intentan cambias las reglas de el juego cada uno por su lado del tablero. Uno es Howard Colvin, un "Major" de la policía de Baltimore que, ante la imposibilidad de luchar contra las drogas y su voluntad de tener un barrio limpio hace lo siguiente: en unas áreas de su zona dónde sólo hay casas vacías decide permitir la compra-venta de drogas. Pero. obviamente, deberá negociar con los camellos de turno e intentar que sus superiores se enteren de lo que está haciendo.
El otro es Russell "Stringer" Bell (Idris Elba, Luther pero que veréis mucho este año en la gran pantalla y que seguramente estará nominado a los Oscar por Mandela), la mano derecha de Avon Barksdale (Wood Harris) , que fue condenado a seis años de prisión en la primera temporada pero que vuelve a la calle con tan sólo dos años cumplidos. Avon quiere seguir con sus negocios tal y como estaban, es decir defender sus calles a punta de pistola. Pero Stringer ve las cosas de un modo diferente. Él sabe que la policía sólo les molestará si matan a gente, y eso quiere evitar él, para seguir con sus negocios y empezar de nuevos. La ambición de Avon es hacerse con el dominio de toda la ciudad. La ambición de Stringer es conseguir salir de las drogas. Gracias al dinero que ha acumulado, quiere poder entrar en los negocios 'limpios' para que, con el tiempo, sea completamente intocable y finalmente pueda entrar en la 'buena' sociedad. Para conseguir esto 1) crea una cooperativa con los traficantes de drogas más importantes (sí sí, con votaciones y esas cosas democráticas) y 2) empezar un negocio 'limpio' fundando una compañía inmobiliaria. 
Me gustó mucho toda esta parte de la temporada porque, de nuevo, muestra de que las reglas del juego no se pueden cambiar, que hay, por mucho que se diga y crea lo contrario, un brutal inmobilismo social en Estados Unidos.

Por supuesto, la policía también está por allí. Mi pareja favorita de policías ineptos, Herc (Domenic Lombardozzi) y Carv (Seth Gillam), están bajo el mando de Colvin y, mientras uno sigue siendo tan cabezahueca como antes, el otro, que ya es sargento, empieza a ver que su trabajo conlleva ciertas responsabilidades. 
Y también están los detectives Jimmy McNulty (Dominic West, The Hour) y Kima Greggs (Sonja Sohn) que, junto a la cuadrilla de siempre, siguen investigando a Avon y Stringer. Jimmy sigue con su desordenada vida personal y ésta vez arrastra a Kima a hacer lo mismo con la suya, lo que tendrá consecuencias. En esta temporada se dice una de mis citas favoritas de toda la serie:
Life is the shit that happens while you are waiting for moments that never come. (La vida es lo que ocurre mientras estás esperando momentos que nunca llegan) 
Por ello, porque Jimmy al fin se da cuenta de que está destrozando su vida, en la cuarta temporada casi no le vemos el pelo. 

Pero lo más importante de ésta temporada es la introducción de tres personajes que van a ser clave para el futuro. 
A lo largo de la tercera temporada conocemos a Dennis Wise, llamado 'Cutty', que acaba de salir de la prisión tras catorce años cumpliendo condena. A mí me parece una historia extThe Wire.
Comparado con Marlo, Barksdale es
hasta major.
raordinaria porque muestra lo duro que es para un ex-convicto lograr ganarse decentemente la vida con esta mancha en su expediente. Porque la idea de Dennis es no volver al mundo de las drogas y arreglar las cosas con su mujer. Pero pronto se da cuenta de que, sin estudios y con una ficha policial de espanto, sólo podrá trabajar en negro de jardinero doce horas al día cobrando un salario mínimo para el resto de su vida. Es un personaje muy interesante, que va evolucionando a lo largo de la(s) temporada(s) y sin duda me parece una gran contribución al universo de
En ésta serie a cada temporada se introduce una nueva dimensión al mundo de Baltimore. Y con la tercera parte de la trama se mueve a un nivel superior, la política. Todo esto se hace gracias a Tommy Carcetti (Aidan Gillen, el que más tarde interpretaría Meñique/Littlefinger en Juego de Tronos), un político de Baltimore, miembro de varios consejos en el ayuntamiento, pero que quiere llegar a ser alcalde en las próximas elecciones. Lo consigue y en la cuarta temporada vemos sus dificultades para dirigir la ciudad. Pero, sobretodo, lo que se da a ver es el tráfico de influencias, los miles de intereses que hay en juego y las presiones de los lobbies sobre la política. Tommy Carcetti no es un político horrible, corrupto, pero tiene ambición y sus principios pueden ser otros si la situación lo requiere. 
Finalmente queda Marlo Stanfield (Jamie Hector) un joven pero prometedor señor de la droga que rompe todas las reglas implícitas del juego y que será, a partir de la cuarta temporada, el principal objetivo de la policía.
Quedan un sinfín de personajes geniales de los que no he podido hablar porque es que si no mi reseña sería infinita y porque, sobretodo, quiero que veáis la serie y los descubráis por vosotros mismos

Ahora una pequeña opinión sobre la cuarta temporada que introduce otra nueva dimensión, los niños. Porque a lo largo de las tres temporadas anteriores, siempre que los policías o los traficantes rondan por las calles, siempre hay niños. Y además, los encargados de hacer los 'negocios' a pie de calle pueden llegar a tener trece o catorce años. Por eso, una se pregunta, ¿de dónde han salido? ¿cómo es que han llegado a hacer esto? Por una parte, a través de los ojos de Prez (Jim True-Frost), que deja el cuerpo de policía para dedicarse a la enseñanza, y Colvin, que también abandona la policía y acaba ayudando a unos investigadores que llevan a cabo un experimento en la misma escuela que Prez, en un barrio marginal de Baltimore oeste. No hay nada más trágico que ver a estos críos, la mayoría de ellos son simpáticos, listos y con mucho potencial, a quienes el entorno le niega cualquier oportunidad de prosperar. Sea porque sus padres les roban, porque les hacen presión para que ganen dinero dedicándose a vender droga, o porque han sido testigos de toda la violencia en el barrio, que no ven futuro en el estudio y tienen muy presente que, en diez años, la mayoría de ellos habrán muerto. La serie denuncia el sistema educativo, porque está mal planteado, colapsado y demasiado burocratizado. Realmente es terrible ver como algunos de estos niños poco a poco van entrando en el mundo de las drogas y pierden toda esperanza en que nadie vaya a rescatarlos. 

En fin, como deciros, por tercera vez, que ésta es una serie magnífica, que va mucho (pero mucho) más allá de las series de policías a las que estamos acostumbrados ahora. Tiene unos personajes que, sean del bando que sean, no puedes evitar que te gusten (no porque en realidad sean 'buenos', si no por los matices que tiene cada uno, por lo geniales que son), unos actores magníficos, un diálogo y una trama que capta todas las complejidades de éste mundo en el que todo es gris. 
Miradla ya, maldita sea.
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