31 oct. 2012

El Italiano de Ann Radcliffe


En verano del 2009 compré The Italian de Ann Radcliffe en un viaje a Inglaterra. En aquél momento sobreestimé mi nivel de inglés, por lo que la novela se quedó acumulando polvo hasta que gracias a Howling frog books propuso de hacer una lectura conjunta en octubre. No tenía mucha expectativas sobre este libro ya que había leído Los Castillos de Athlin y Dunbaynee intentado, sin éxito, leer Los Misterios de Udolfo de la misma autora.

Resumen: Vincenzo de Vivaldi es un joven napolitano de buena familia que, un día en una iglesia, ve a Ellena de Rosalba y se enamora perdidamente de ella. Tras conocerse un poco más, ambos sienten lo mismo el uno por el otro. Desgraciadamente, la madre de Vivaldi se opone a dicha unión y, a través de su confesor, Schedoni, intentará separar a la pareja.


Opinión:
Debo admitir que nunca llegué a imaginar que pudiese llegar a entretenerme tanto un libro de literatura gótica escrito a finales del siglo XVIII, sobretodo teniendo en cuenta mi experiencia previa en el asunto. Pero así es. El Italiano es un libro que se hace muy ameno, y su trama te mantiene en vilo.
Ésta básicamente sigue las desventuras de la pareja, que se van reuniendo y separando a lo largo de la novela, por culpa de las maquinaciones de la Marquesa. La verdad es que nunca se llega a dudar del desenlace de la obra, y los planes de la madre de Vivaldi y del monje Schedoni nunca nos son ocultos ni parecen extremadamente perversos. Pero son justamente los personajes lo que hacen esta novela interesante. A lo largo de la novela el punto de vista va cambiando, desde Vivaldi a Ellena, pero Radcliffe también se mete en la mente de los ‘malvados’, tanto la marquesa como Schedoni u otros de sus secuaces.
Me sorprendió muchísimo que, tan temprano en la literatura, se encuentre un personaje como Ellena de Rosalba. Ésta reúne los atributos necesarios para cualquier heroína de la época: es pura, virtuosa, inocente, ingenua, honesta, etc. Pero además Ellena no se limita a meterse en apuros y esperar a que Vivaldi la rescate, si no que tiene sus propias opiniones y una gran fuerza de carácter. Se enfrenta a sus desgracias con una gran entereza, nunca dándose por vencida ni dejando que la pisoteen, ni dejar de proclamar su inocencia a cualquiera que afirmase lo contrario. De hecho, incluso le planta cara a su amor, Vivaldi, insistiendo en hacer lo que ella cree justo y noble.
El otro personaje que me pareció interesante fue Schedoni. Un monje que parece haber estado atormentado por pasiones que han acabado con él y que han acabado con cualquier retazo de humanidad que hubiese podido tener, si alguna vez llegó a tener alguno. Sus motivos, ocultos, intrigan al lector, que, aunque esté leyendo sus pensamientos, no sabe cuál es su origen o motivación, en resumen, quién es ese sórdido personaje. Y todo esto no se desvela hasta el final de la novela.
Respecto a esto, tengo ciertas salvedades. La parte en la que se descubre todo –quién es Schedoni, la identidad de un misterioso monje, qué ocurrió en el confesionario de los penitentes negros, y la verdadera identidad de otros varios personajes– me pareció extremadamente larga. Además, si bien la mayoría de personajes tienen un carácter bien definido, el de los criados parece uniforme en todos ellos. Son un vehículo de información para los protagonistas y parece que cuyo objetivo es exasperar tanto a éstos como al lector, reteniendo la información el mayor tiempo posible. Y esto, como ya he dicho, es realmente exasperante porque convierte los diálogos en algo pesado y nada dinámico.
Sobre el desenlace, me pareció un poco previsible y demasiado arreglado por el autor. Es decir, obviamente que el escritor puede hacer lo que le parezca con la trama, puesto que la ha ideado ella, pero yo creo que, si partes de unas bases consistentes, hay que seguir con ello y darle un poco de plausibilidad a la totalidad de la novela. Porque, como ya podéis suponer, era impensable para los lectores de la época que un joven de alta cuna se casase con una simple chica pobre que se gana la vida cosiendo.
De hecho, se nota un poco que uno de los grandes atractivos cuando debió ser publicada la obra fuese su emplazamiento, en Italia. El libro está plagado de descripciones románticas de la naturaleza, en especial al atardecer, pero también de descripciones ‘góticas’, de distintos monasterios e iglesias, al igual que mansiones y castillos en ruinas que exaltan la imaginación con ciertos toques sobrenaturales.

En conclusión, El Italiano de Ann Radcliffe es un libro que me ha sido bastante ameno leer (más de lo que esperaba, seguro), con algunos personajes muy interesantes. Eso sí, hay que entender que es un libro escrito hace más de trescientos años y, aunque sigue siendo ‘apto’ para todos los lectores ‘modernos’, hay que entender ciertas diferencias en el estilo al que estamos acostumbrados ahora. De hecho, creo que les gustará especialmente a los que disfrutaron con libros como La dama de las camelias de Alexandre Dumas (hijo) o El fantasma de la ópera de Gaston Leroux.

29 oct. 2012

Cada uno a su ritmo


Hace ya mucho tiempo que no he escrito un post de opinión y, ya que este es mi blog, pues me ha apetecido hacer uso de este espacio para contar algo que me ha pasado este mes con mis lecturas.

Si le echáis un vistazo a la sección de "Reto: 75 libros en 2012" podréis ver que éste mes de octubre mi ritmo de lecturas ha disminuido considerablemente. En parte se debe a que el 1 de octubre empecé de nuevo la universidad, y esto de estar en tercero se nota. Casi no tengo tiempo de leer, y evito llevarme un libro en la mochila para no tener más distracciones de la vuelta. Qué tentador se hace un libro en medio de las clases, aunque sólo sea en los cinco minutos de descanso. Pero, en mi opinión, tengo que dedicar mi tiempo en el campus a lo propio del lugar, estudiar y estar con los compañeros.

Y estoy desvariando. La cuestión es que este mes decidí probar un ritmo de lectura diferente al que estoy acostumbrada. Normalmente yo sigo el método clásico, un libro a la vez. Tanto en blogspot, goodreads o  en 'la vida real' he visto a mucha gente leyendo, dos, tres y hasta cuatro libros a la vez. Hasta ahora nunca había probado de hacer nada parecido, ni siquiera con las lecturas obligatorias del instituto. Simplemente tener que escoger cada vez que quisiera leer qué libro sería el elegido me parecía una tesitura en la que no quería encontrarme.
Pero, al empezar un nuevo mes, y la lectura conjunta de El Italiano de Ann Radcliffe, me dije de que podría probar. Y bien, nunca más, de verdad. Yo no estoy hecha para leer más de un libro a la vez.
Hasta ahora he estado alternando El Italiano con El propietario de John Galsworthy y El precio de la desigualdad Joseph Stiligtz (que de hecho, tuve que dejarlo a mediados de mes porque no podía con ello). Pero finalmente, tuve que dejar a un lado el ritmo semanal de la lectura conjunta y leerlo de un tirón. 

Me sentía agobiada por las lecturas. Por una parte, tenía que ir leyendo, poco a poco, The Italian. Por otra parte, tenía que tener en cuenta de que, cuando me llegase Sueños de Felicidad de Lisa See, debía leerlo y reseñarlo antes del 10 de Noviembre. Y, por supuesto, está El Previo de la desigualdad, que empecé el 7 de octubre, que nueve días más tarde dejé "en pausa" para poder centrarme en mis lecturas, y que sólo he podido retomarlo hasta el día 26. El leer, que para mí es un placer, un modo de distraerme de mis preocupaciones y un contraste a las siempre presentes matemáticas de mi carrera, se convirtió en una causa de preocupación y de estrés, en una obligación. Hasta ahora, nunca había sentido algo parecido por la literatura, y esto me espantó. Si empecé este blog fue, principalmente, porque me lo paso de maravilla leyendo y, en la mayoría de los casos, tengo la necesidad de plasmar en papel (bueno, ya me entendéis) mis opiniones y sentimientos acerca de mis lecturas. Pero este mes me he comprometido a demasiadas cosas, y sin duda he descubrierto que yo soy una chica de un libro a la vez.
Esto no es una crítica a quién lee varios libros a la vez, ¡ni hablar!, simplemente es que yo soy incapaz de hacerlo, me colapso, me estreso y ya no disfruto de las novelas. 


En fin, en un tono más alegre, ¡el blog ya tiene cincuenta seguidores! No os podéis imaginar lo contenta que estoy, de veras. Empecé éste blog en Navidades de 2008 y nunca imaginé que nadie se pudiera interesar por él! Muchísimas gracias a todos los que me seguís, y una especial mención a quiénes comentáis! En cuanto tenga más tiempo, seguramente a finales de Diciembre, ¡prepararé alguna sorpresa!

27 oct. 2012

Firefly


Desde que empecé a ver The Big Bang Theory que mi cerebro asoció el nombre Firefly a una serie cancelada y que Sheldon adoraba. Desde entonces que la tengo pendiente y gracias a Polly de Pluma, espada y varita me he animado a verla. 

Sinopsis: Malcom Reynolds (Nathan Fillion, Castle) es el capitán de Serenity, una nave del tipo Firefly, que junto a su tripulación viaja por lo ancho del territorio de la Alianza en busca de trabajos de naturaleza no muy legal. Sin embargo, de vez en cuando también aceptan pasajeros, y tres de ellos cambiarán el inestable equilibrio de los habitantes de Serenity.

Opinión: La serie consta de una temporada, con sólo 14 capítulos, producida y escrita por Joss Whedon (Dollhouse, Angel, Buffy cazavampiros), y es una mezcla entre la ciencia-ficción y el western. 
La mayoría de capítulos tienen una estructura muy similar: van en busca de un trabajo, las cosas se complican, surgen tensiones entre algunos (o todos) los miembros de la tripulación – normalmente hay algunas trifulcas entre Jayne (Adam Baldwin, Chuck) y el resto, pero rápidamente finalizadas por el capitán –, hay tiroteos y persecuciones, y al final consiguen hacer el trabajo, no sin ningunos heridos de por medio. De vez en cuando el capítulo se centra más en alguno de los personajes. Ésto ocurre sobretodo en el caso de Simon (Sean Maher) y River Tam (Summer Glau, Dollhouse, The Unit) cuyas misteriosas circunstancias serán desveladas a lo largo de la temporada y de la película que la siguió. Hay personajes que tienen poca historia, como el matrimonio de Zoë (Gina Torres, Matrix, Angel) y Wash (Alan Tudyk, Un funeral de muerte), la mecánica Kaylee (Jewel Straite, Stargate: Atlantis). Al ser personajes que, ya de por sí, son poco interesantes pues no se echa en falta. Sin embargo, en el caso de personajes como Inara(Morena Baccarin, Homeland, V)  – una Acompañante, es decir prostituta, de la cuál no estaría mal saber los orígenes – o Book (Ron Glass) un pastor del que no se sabe casi nada y demuestra que tuvo mucha vida antes de ingresar en su orden religiosa. Su caso es especialmente frustrante porque a lo largo de los capítulos se dan indicios de que es mucho más de lo que aparenta ser pero al final nos quedamos sin conocer ni pizca de su pasado. 
Así pues, tengo que decir que los personajes no son extraordinarios. Su forma de interactuar es uno de los pilares fundamentales de la serie y es innegable que los diálogos están muy bien escritos y son bastante divertidos, pero la cosa no pasa de ahí. Se sigue el mismo patrón, todos siguen reaccionando de la misma forma, los cambios que hay son poco palpables – salvo en el caso de los hermanos Tam – y tampoco introducen ningún elemento nuevo en la trama. 
Y ya que hablamos de la trama, los episodios son entretenidos, pero yo tampoco lo calificaría de obra maestra, ni mucho menos. Son una buena forma de pasar el tiempo pero no quedé maravillada ante las historias o la calidad de las actuaciones. Esto no significa que no me lo haya pasado bien viendo la serie.
Así que confesaré que hay algo que me ha gustado mucho, y es el universo en el que se desarrolla Firefly. Es un mundo con pasado – qué le ocurrió a la Tierra, por qué ahora es la Alianza quién tiene el poder –, con una estructura socio-política propia – con las Acompañantes o los temibles 'reavers' – y sus particularidades – por ejemplo, algo que me hizo mucha gracia es que los personajes hablaran en chino (sí, literalmente) de vez en cuando, mostrando la evolución de la lengua a lo largo del tiempo. Los capítulos en los que se descubría más sobre éste futuro son, en mi opinión, los más interesantes. Y es por eso que la película, Serenity, también me gustó, porque profundiza más sobre los orígenes del nuevo sistema en el que se encuentran los personajes. 
Hablando de la película, es como un capítulo largo de la serie. Retoma el último capítulo – que no parecía en absoluto un final de temporada – así que es imposible entender nada para alguien que no haya visto la serie anteriormente, e intenta darle una conclusión más digna, otra vez a través de una 'misión' que encomiendan a Mal y que, para variar, se complica. Pero, globalmente, tampoco se contestan todas las preguntas... Se sabe más sobre la Alianza y sus planes, también se sabe (más o menos) lo que planeaban para River (pero lo poco que se sabe es bastante insatisfactorio, deja mucho por contestar), etc. Claro que tampoco se puede pedir mucho en dos horas.

En conclusión, Firefly es una buena serie – al no haber visto muchas de ciencia-ficción no me atrevo a poner términos comparativos –, entretenida, con un buen guión, y que es perfecta para ver por la noche y darse un descanso del mundo real. Creo que podría haber sido una serie mucho mejor, al menos para mí, si le hubiesen dado una mejor oportunidad.

24 oct. 2012

The Perfume Garden de Kate Lord Brown


Recibí este libro a principios de Septiembre de la parte de Atlantic Books al ganar un giveaway en GoodReads. Lo he leído enseguida pero, con las entradas programadas, saldrá bastante más tarde.

El libro trata básicamente sobre el secreto de la familia Del Valle, que lleva escondido desde la Guerra Civil española, y que a través de los ojos de Emma, Charles y Freya se descubre. En efecto, el libro se divide en capítulos cortos que alteranan uno en el presente, con Emma de protagonista, y otro en el pasado, a través de los ojos de Charles y Freya.
La autora, Kate Lord Brown.
Primero hablaré de la parte de la historia que transcurre en el presente, más exactamente en 2001. En poco tiempo Emma ha sufrido la muerte de su madre y la pérdida de su ex-novio, Joe, que murió en los atentados del 11 de septiembre, del cuál está embarazada. En herencia su madre le dejó una casa en Valencia, a la que decide mudarse para volver a empezar de cero su vida. Y allí todo es muy bonito, y rosa y maravilloso. Quizás un poco demasiado, pero podría ser peor. Hay algunos libros que tienden a exagerar a sus personajes por encima de lo posible porque creen que es una manera eficaz de mantener la tensión. Y lo es, pero normalemnte sufre la calidad literaria de la obra. Yo pensaba que The perfume garden no era ese tipo de libro hasta que llegó el final y lo estropeó. Las últimas veinte páginas sobran. Por algún motivo la autora quería alargar el libro por lo que necesitaba un recurso dramático para llamar la atención del lector una vez ya se ha resuelto todo el misterio. ¿Era realmente necesario añadir unas cuentas páginas más de entretenimiento artificial con un final más que predecible? A mí me pareció un tanto ridículo.
Hablemos del principal personaje masculino de la novela, Luca. Para mi suerte, su personaje mejora a lo largo de la historia. Al principio parece sacado de una novela romanticona extranjera dónde aún tienen el fantasma del "macho ibérico/caballero" (¡JA!). Su actitud algo prepotente y sobrada me ponía muy nerviosa, además de ser un cliché de tamaño considerable. Pero mejora, y se convierte en un personaje más razonable.
En realidad lo que más me gustó de esta parte fueron las cartas de Liberty a su hija Emma, que están llenas de sabiduría y son bastante enternecedoras. También hay que decir que hace una buena aproximación de cómo se trata la memoria de la guerra civil en España actualmente. El hecho de que la mayoría de personajes – los españoles pero también todos los que vivieron la guerra y la dictadura franquista – son reacios a hablar del tema. No sé si estaréis de acuerdo conmigo pero creo que, en general, el tema de la guerra civil no se suele sacar en una conversación, o al menos no de forma muy polémica. Sólo hay que ver la polémica que causó la Ley de la Memoria Histórica o el caso Garzón.
Gerda Taro y Robert Capa.
Vayamos a por la otra trama paralela, los acontecimientos vividos por Freya y Charles durante la guerra. La primera mitad de la historia no me entusiasmó demasiado. Quizás es porque no me gusta mucho ver a personas reales en la ficción (salvo algunas excepciones), y el hecho de ver aparecer a Robert Capa, Gerda Taro y Ernest Hemingway ya hizo que tuviera una actitud más hostil hacia la novela. Este es un argumento poco imparcial, pero no puedo evitar sentir algo de disgusto al ver a estas personas, cuyos testimonios de la guerra están a nuestro alcance. No sé, simplemente no me convence.
Luego en la segunda mitad Kate Lord Brown nos mete más a fondo en la historia de amor entre Jordi y Rosa, dos republicanos separados por la guerra. Son personajes de ficción, anónimos, cuyas vidas se asemejan a las de muchos otros. Vemos su duda ante si seguir con la lucha, que conlleva el precio de separarse, sobrevivir después de la derrota de la República, etc. Me gustó especialmente esta parte, cuando se sabe que toda esperanza está perdida y más allá. La autora hace bastante hincapié en la suerte de los niños, tanto los que fueron robados al nacer, como los refugiados que huyeron a otros países y fueron recuperados por los fascistas una vez terminó la guerra. Lo único que me digustó fue el uso extensivo de los tópicos. Ella es una bailarina de flamenco y él una especie de torero. Hay más profesiones en España, se lo crean o no los turistas. También es cierto que existían bailaoras y toreros en aquella época, pero es que me parece un recurso muy obvio el echar mano de costumbrismos para atraer a lectores (que no sean españoles). Además también recrea una especie de misticismo al rededor de los españoles, con tener duende o ángel.

En conclusión, The perfume garden es un libro bastante entretenido, la autora se ha documentado lo necesario para poder describir como era España durante la guerra civil y su estilo es bonito, bastante meticuloso y con bastante capacidad para transmitir olores. Claro que hay clichés de vez en cuando, no he dicho que fuese una obra maestra. Pero se lee con facilidad y puede llegar a ser enternecedora. En general lo han recomendado bastantes para los aficionados a Kate Morton, pero al no haber leído nada suyo (de momento) no puedo decir nada.

21 oct. 2012

Muse @ Palacio de los Deportes, Madrid, 20/10/12

La banda birtánica Muse sacó su sexto álbum, The 2nd Law, el primero de este mes y, justo después, empezó con la gira europea. La tercera parada era el Palacio de los Deportes de Madrid, el día 20 de octubre. Al ser su única fecha en España – de hecho, de Portugal se han olvidado por completo –, no tenía más remedio que viajar a la capital y disfrutar allí de uno de los mejores directos de la actualidad musical.
Tuve la gran suerte de poder ir a primera fila –aún no me lo creo, y sonrío de la emoción al recordar mi llegada a la valla, tan sólo un par de metros más allá del escenario –, es la primera vez que disfruto de un concierto de esta forma, de ‘primera mano’.
A eso de las ocho y cuarto empezaron The Joy Formidable, un grupo inglés del norte de Gales que acaba de sacar su segundo CD, The Big More. También son un trío compuesto por la cantante y guitarrista, Ritzy Bryan, el bajista y corista, Rhydian Daffyd, y el batería, Matt Thomas. Son un grupo de rock bastante energético, con una base muy instrumental, pero que tampoco me acabaron de convencer. Me lo pasé relativamente bien con ellos, es un grupo que es escucha bien pero, para ser un grupo que casi no conocía, me gustó mucho más Miles Kane. EN mi opinión, todas las canciones eran un poco iguales. Eso sí, no se les puede negar que lo diesen todo en el escenario, dando brincos por allí y por allá. Otro que también es digno de mi admiración es el batería que sacaba unos ritmos frenéticos, que a mí me parecían casi imposibles de concebir. En serio, increíble. 
Tocaron durante apróximadamente tres cuartos de hora y no fue hasta otros cuarenta-y-cinco minutos más tarde que Muse – como siempre haciéndose esperar – empezó a tocar.
La canción que abrió el concierto fue Unsustainable – como ya sosppechaba, es una canción que parece diseñada con ese propósito. Con un principio ‘clásico’ pronto entran los instrumentos del trío británico y ya una se mete enseguida en el ritmo, la música, y se olvida de todo. Encadenaron el final de la canción con Supremacy, la primera canción del disco, que se podría decir ‘típica’ de Muse, con riffs y falsetes de Matt cada dos por tres, una gozada. Y si ya pensaba que más no podía durar esta tanda de canciones cañeras, llegó Hysteria – que fue, de hecho, la primera canción de Muse que me gustó – precedida por Interlude –una instrumental– en la que, por primera vez en la noche (pero no la última), la pista enloqueció. A estas le siguieron muchas más...
En especial recuerdo Panic Station, uno de los hits de The 2nd Law que pide a gritos una bola de discoteca y más espacio para bailar a gusto. Por supuesto, también una mención especial a Supermassive Black Hole que siempre sube los ánimos. Al igual que Time is Running Out, que ya es un clásico de los conciertos de Muse. Pero, sin duda, la canción que llevó a los de pista hasta el éxtasis fue Plug in Baby, seguida por Knights of Cydonia (que, como siempre, con la tremendísima intro de Man with an Harmonica).
Mientras se sucedían las canciones, el stage iba cambiando de forma. Éste, al principio, era una pirámide invertida, cuyos renglones iban subiendo y bajando y que proyectaban imágenes de los músicos, del público, u otros audiovisuales. Uno que me hizo especialmente gracia fue el de Uprising en el que se puede ver a Dominic Howard vestido de ninja y, con ayuda de sus baquetas, librándose de lo que parecen ser banqueros o agentes del bolsa. Al estar tan cerca no pude fijarme tanto en el trabajo audiovisual, pero por lo que vi parecía una pasada. Por supuesto, tampoco faltaron luces de colorines y todos los tipos de lásers imaginables.
Mientras iban tocando y cantando, Matt Bellamy (voz, guitarra, piano) y Chris Wolstenholme (voz, bajo) iban cambiando de posición, corriendo, brincando y paseando por lo largo y ancho del escenario (que casi era de 360º). De hecho, Chris fue el protagonista absoluto cuando tocó una de sus canciones, Liquid State, y se puso en la parte delantera del escenario (mientras que Matt se retiraba a un segundo y discreto lugar).  Y hablando de discretos, por ahí escondido estaba Morgan Nicholls (aka. el cuarto miembro de Muse) que hace grandes contribuciones al directo de la banda pero que es muy poco reconocido por ello.
Pero todo esto tiene un punto agridulce. Si algo me ha, en cierta forma, decepcionado, es que Matt no haya tenido la guitarra en mano durante unas cuatro o cinco canciones, durante tres de las cuales se paseaba por el escenario (también motivándose como siempre) a lo diva. Estas canciones son Madness, Undisclosed Desires y Follow Me. Canciones que, en la versión de estudio, no son de mis preferidas, pero que en vivo son una locura. En especial la última, que en directo es un bombazo de energía que casi obliga a saltar, cantar y gritar. Y tanto en Madness como en Follow Me se ve una gran predominación del bajo –¡también era hora que Chris tuviera algo de protagonismo!– del que, lo prometo, notaba físicamente las ondas de sonido, bestial. Y el punto ‘dulce’ en todo esto de que Matt se pasee como Pedro por su casa es que bajó a nivel de pista. Sí, yo tampoco me lo creo. Y no sólo eso, me dio la mano. No, ni me la rozón ni me la chocó, me la dio y la sostuve durante unos segundos (que para mí duraron más que una eternidad), me miró y sonrió. Y cada vez que recuerde este momento de mi vida seré inmensamente feliz. Claro que eso no excusa que deje abandonada a sus genialísimas guitarras que tan bien sabe tocar, como bien lo demuestra en New Born o Animals.

También hubo lugar para la tranqulidad en el concierto. Muse obsequó a los fans con una rarity, Falling Down, una canción de su primer disco (Showbiz) que hasta el mismo cantante dudaba de que la hubiese tocado alguna vez en España. Fue preciosa. La cambiaron respecto a su versión del CD, añadiéndole piano y, hacia al final, más potencia instrumental. Y fue increíble. Y justo depués de esto, que ya me costab podía creer lo que acababa de pasar, tocaron la mitad de Host (como intro de Time is Running Out), una cara B también de la época de Showbiz. No tengo palabras para expresar mi sorpresa y alegría. Matt tocó el piano también para Explorers una canción que, al parecer, sólo me gusta a mí. Y me emocioné un montón al escucharla en vivo, al escuchar a Matt y a todo el recinto cantar el emotivo estribillo de “Free me/Free me/Free me from this world/I don’t belong here/ It was a mistake imprisoning our souls”.
Y con piano también acabó el concierto, con la épica Survival, que mejora muchísimo una vez le quitas todo el instrumental de fondo y los coros histriónicos, y dejas a los tres chicos de Teignmouth solos con sus extravagancias musicales.

En conclusión, me ha encantado este concierto, me ha encantado estar en primera fila. Me lo he pasado increíblemente bien, olvidándome de todo cuanto no fuera estar allí en aquél momento disfrutando de la música que más me gusta. Eso sí, espero que Matt se espabile un poco con la guitarra y que, para el tour de estadios de verano, ya no esté tan perezoso con la guitarra.

19 oct. 2012

The Classics Club – Meme de Octubre

Desde hace unos meses que estoy en el Classics Club y cada mes los participantes contestan a una pregunta a través de este meme. Este es ya la tercera entrega de este meme mensual que empezó en agosto, y la pregunta es:

¿Por qué lees clásicos?

Desde que somos niños que en la escuela nos acostumbran a leer los "clásicos" que solemos asimilar a libros pesados, largos, y aburridos. En mi caso, el primero que recuerdo tener que leer por tarea es El Conde de Lucanor. Pero me estoy desviando del tema. 
Ante todo, se estima que la palabra escrita apareció cerca del 3500 AC, pero la novela tal y como la entendemos sólo tiene unos pocos siglos. Durante este tiempo se han producido miles y miles de obras y me parece absurdo ignorar todo esto simplemente porque fueron escritos bastante antes de nuestro nacimiento. Éstos libros, sea de forma más o menos explícita, forman parte de la Historia y de la cultura popular de sus países. Además, la mayoría (o al menos las novelas que han trascendido a lo largo del tiempo) reflejan fielmente una época vista por sus mismos contemporáneos. Y no sólo eso, vista por un artista, cuya visión puede ser muy especial, muy fina, sutil y que puede llegar a diseccionar estrato por estrato la sociedad de su tiempo. Éste es el caso de muchos clásicos, como El final del desfile de Ford Madox Ford o Las novelas de Berlín de Christopher Isherwood. A mí es un rasgo que me atrae particularmente de los clásicos pero una ventaja que también tienen es que son muy diversos. Algunos, como El guardián entre el centeno, son bastante cortos, al igual que hay otros bastante largos como Doctor Zhivago. De la misma forma, hay clásicos de lectura lenta, como Crimen y Castigo, o que se leen en un momento como Jamaica Inn. Incluso hasta hay clásicos de literatura juvenil e infantil como El Castillo Soñado o La Princesita
Pero ante todo hay que pensar que los clásicos son novelas que han sobrevivido a su tiempo mientras que otras de sus contemporáneas han sido enterradas en el olvido de las editoriales. ¿Y por qué unos sí y otros no? Pues, sin duda, porque son de alguna forma extraordinarios. Con sus novelas, entre las cuáles La mujer de blanco es de las más conocidas, Collins le puso nombre y apellido al género policíaco. Con su testimonio de la Primera Guerra Mundial Erich Maria Remarque y su Sin Novedad en el Frente pusieron palabras de una belleza extrema a uno de los peores momentos de la humanidad. Y Harper Lee, basándose en su propia vida, a través de las pequeñas anécdotas de Scout y las enseñanzas de su padre, Atticus Finch, transmiten un mensaje conmovedor de tolerancia y humanidad en Matar a un ruiseñor. Aunque es cierto que otros, como Cumbres Borrascosas, pasaron completamente desapercibidos al ser publicados. Por esa razón los clásicos son una apuesta segura, al menos en su gran mayoría. Pero tampoco quiero decir que el lector deba refugiarse en exceso en los clásicos, negándole a la literatura moderna una oportunidad. Actualmente hay grandes autores cuyos libros seguramente estarán formarán parte de los clásicos en unos años.
Finalmente, hay clásicos que están al alcance de todos. Yo empecé a leer clásicos desde pequeña, con las novelas de aventuras del siglo XIX, y luego en clase cuando tenía que leerme los clásicos de la misma época, sólo que más lentos y descriptivos. Uno no puede empezar con Anna Karenina directamente, al menos en mi opinión (y yo a fecha de hoy aún no me atrevo con las novelas largas de Tolstoi). Hay que perderle el miedo a los clásicos, ¡pensad que la mayoría fueron los bestsellers de su época!
Espero que este post haya animado alguno con los clásicos y, si hay alguna duda/recomendación, ¡aquí estoy!

16 oct. 2012

The Newsrooom (1ª Temporada)


Últimamente me estoy aficionando a las series sobre periodistas. A The Hour y State of Play se añade una nueva serie, The Newsroom, proviniente del otro lado del Atlántico. A principios de este verano se estrenó la nueva serie de Aaron Sorkin, el guionista de La red social, y he visto los diez capítulos de la primera temporada en cuanto he tenido ocasión.

Sinopsis: Will McAvoy (Jeff Daniels, Buenas noches y buena suerte, Speed) es el presentador del programa de noticias News Night, famoso por nunca tomar partido. En una conferencia en la universidad de Northwestern le fuerzan a dar su opinión sobre los Estados Unidos, y eso causa gran conmoción en la presna. Después de desaparecer durante varias semanas, Will vuelve a su trabajo para encontrarse con que su nueva productora es Mackenzie MacHale (Emily Mortimer, Shutter Island, Hugo), su ex-novia. Ambos deberán dejar a un lado su pasado para hacer un nuevo programa, más serio y más controvertido.

Opinión: La serie se centra al rededor de cómo se prepara un programa de noticias: desde cuáles se escogen, cómo se tratan, qué invitados traer, qué preguntas se pueden o no hacer, quién se encarga de la investigación, etc. En cada capítulo se centran en un evento que marcó las noticias a lo largo del 'curso' 2010-2011: desde los reactores de Fukushima, pasando por las elecciones al congreso, hasta la muerte de Bin Laden. La mayoría son temas que también vimos en nuestras pantallas durante aquél año pero, al ser una serie americana, está mucho más enfocado hacia los Estados Unidos. Eso sí, hay un tema que se repite a lo largo de la serie, el ataque al Tea Party, haciéndolo principalmente a través de la boca del presentador, Will McAvoy, que es un Republicano, para hacerlo parecer más ¿creíble? Pero no todo es crítica en la serie. De hecho, el problema que yo lo encuentro se puede resumir en la primera escena de la serie. Quieren ser críticos pero, al fin y al cabo, no pueden serlo hasta el final, queriendo dejar aún un sentido de seguridad y derecho moral a los americanos. O quizás soy yo la que le busca pegas a todo.
En fin, aunque la mayor parte del capítulo rodee la producción de uno o varios noticiarios, también hay espacio para tramas secundarias paralelas. Por supuesto, las historias de amor también tienen su pequeño lugar en la sala de prensa. Primero vemos el choque frontal entre Will McAvoy y Mackenzie MacHale, de los que poco a poco conocemos su relación. Son dos carácteres que chocan. Will es un hombre que aparenta ser muy seguro de sí mismo (y un tanto creído) cuando en realidad aún sigue muy dolido por su ruptura con Mac, mientras que ella es una periodista con muchísima experiencia pero un tanto neurótica y propensa a los ataques de histeria. Pero la combinación de ambos es extremadamente divertida. Luego tenemos a Jim (John Gallagher Jr., Margaret) y Maggie (Alison Pill, Los pilares de la tierra, Midnight in Paris), ambos ayudantes de producción y emparejados, que se sienten atraídos el uno hacia el otro pero son incapaces de reconocerlo.
También hay un set de personajes secundarios que son geniales como Don (Thomas Sadoski), Neal (Dev Sampat, ¿Quién quiere ser millonario), Charlie (Sam Waterson) o Sloan (una economista interpretada por Olivia Munn). La verdad es que todo se debe a un diálogo brillante, que explota las características de los personajes al máximo para crear situaciones muy divertidas. Realmente, hay algunas discusiones que son geniales.
Como he dicho antes, también hay un poco de lugar para la reflexión, en especial acerca del periodismo. Viendo los programas de News Night y luego viendo el telediario de aquí, uno se da cuenta de que realmente se está poniendo por delante el entretenimiento antes que la información. Claro que hay cadenas peores que otras, pero todas parecen ser esclavas de la audiencia, del número de espectadores. Y eso me parece una situación increíblemente triste.
Desgraciadamente, no todo son buenas cosas en esta serie. Los personajes, aunque no estén estereotipados y tengan algún grado de complejidad, son completamente planos. Desde el primer hasta el último capítulo no cambian ni un ápice y vuelven a cometer los mismos errores, a tomar las mismas decisiones, una y otra vez. Y esto resulta extremadamente frustrante. En la misma línea se encuentran las tramas amorosas. Se le enseña el cebo al espectador, pero al final sigue sin tener nada, y esto me parece una estrategia muy pobre para llevarle a ver la siguiente temporada. En serio, con una serie así creo que podrían haberse permitido hacer un último capítulo en que el cliffhanger principal no fuese el de las relaciones entre los periodistas.
Y ahora sigamos con la idea de los programas. Ellos dicen que quieren hacer un programa informativo de verdad, que contraste opiniones y de hechos. El problema es que su presentador quiere ser la estrella en todo momento y parece querer demostrar a toda costa cuán más inteligente es que cualquiera que entreviste. Esto, me temo mucho, no hace más que insultar a los espectadores (de su programa). Sí, tiene agallas y se enfrenta a poderosos enemigos, pero todo eso se esfuma cuando no tiene ni una pizca de humildad ni ningún tipo de sentido de la culpa a la hora de humillar a alguien.
De todas formas, es cierto que para ser una producción de la HBO (conocida por series como True Blood, Los Tudor y Juego de Tronos) es increíble que hagan una serie con un guión tan consistente, y con tan poca sangre y sexo. 

En conclusión, The Newsroom es una buena serie. No creo que llegue al nivel de The Hour o State of Play, pero sin duda es una fuente de entretenimiento con unos diálogos brillantes, siempre a cargo de Aaron Sorkin

13 oct. 2012

Las uvas de la ira de John Steinbeck


Por mi cumpleaños me regalaron este clásico de la literatura americana, Las uvas de la ira de John Steinbeck. Sabía más o menos que trataba de la Gran Depresión de los años 1930, tampoco he visto su adaptación a la gran pantalla de 1940, pero no mucho más. También ignoraba que Steinbeck había recibido el premio Pullitzer (que ganó otras dos veces) por ésta novela y, en 1962, el premio Novel de literatura.

Resumen: Tom Joad regresa a su hogar después de pasar cuatro años en una cárcel de Oklahoma por matar a un hombre. Al llegar a su casa se la encuentra vacía y descubre que el banco ha echado a su familia por no poder hacer frente a los pagos, que ya estaba empobrecida debido a la llegada de los tractores. Su única solución es ir a California, dónde se supone que hay trabajo para todo el mundo.

Opinión: Ésta novela es todo un clásico, uno de esos que casi todo el mundo conoce pero que poca gente ha leído. Pero creo que, ahora más que nunca, Las uvas de la ira es una novela muy actual. Primero, me sorprendió el libro porque, a pesar de sus casi ochocientas páginas, se lee muy rápidamente. Enseguida entramos en las vidas de la familia Joad, compuesta por los abuelos, los padres, dos tíos, y cinco hijos, una de las hijas está casada. A estos se les une Jim Casy, un ex-predicador que tampoco tiene dónde ir. En su viaje se encuentran a muchas personas en situación tan precaria como la suya, que también buscan sobrevivir viajando al Este. Pero es durante el viaje que el lector conoce a la unidad familiar de los Toad, que poco a poco se irá desmoronando por las graves circunstancias que irán sufriendo a lo largo de la novela. 
Cada personaje tiene un carácter muy marcado que a su manera nos transmite la realidad de la 'América profunda' de aquellos años. Desde la vida en la prisión, pasando por la dura existencia del campesinado tradicional, hasta la prácticas religiosas (que recuerdan un poco a algunas secuencias del opening de True Blood) que rallan la locura. Son personajes que no entienden lo que les ocurre, que simplemente buscan una forma de mejorar su vida. En efecto, si algo sorprende es que la mayoría de personajes, hasta el final de la novela, siguen pensando de que, aunque no tengan trabajo en los próximos seis meses o más, conseguirán uno, fijo, ahorrarán y podrán comprarse una casita con un perro. No ven que siempre serán unos explotados, que están en un círculo vicioso en que su miseria sólo puede engendrar más miseria. 
Cuando llegan a California se dan cuenta de que está muy lejos de ser la tierra prometida y, a pesar de esto, siguen con la esperanza de que la suerte les sonreirá y podrán trabajar duro, lo que será debidamente recompensado. En ésta parte de la novela es cuando uno se da cuenta de lo que ocurrió en Estados Unidos durante la crisis. Ya sabía que la depresión fue especialmente dura en los USA, pero no tenía ni idea hasta qué punto. En Las uvas de la ira se ve como los grandes terratenientes se aprovechan sin piedad de la desgracia de los campesinos desposeídos, imponiéndoles un sueldo cada vez menor que apenas alcanza para subsistir, que les tratan con odio y desdén porque saben que su situación es desesperada. Además, recurren a sus esbirros en la policía, o a sus secuaces particulares, para evitar que haya cualquier tipo de organización entre ellos. Es un libro muy duro, que cuenta situaciones descorazonadoras, en las que el lector comprende cuán impotentes son la multitud de emigrantes pobres y afamados. 
Como he comentado antes, a lo largo del libro vemos como la familia de los Joad va desmoronándose, a pesar de los intentos de Madre por mantenerla junta. El viaje en sí es demasiado para algunos, tanto física como mentalmente. Pero más cosas ocurren que hacen que la estructura de los Joad cambien. Por ejemplo, al no trabajar, el padre pierde toda autoridad. Pero la solidaridad dentro de la familia se sustituye por la solidaridad entre familias. Dadas las circunstancias dramáticas en las que se encuentran, los personajes (todos los que conocemos a lo largo de la novela) tienen tendencia a ayudar a los demás. Por mucho que la situación empeore, por muy pobres que sean, siempre se ayudan los unos a los otros. Esto desemboca a la última escena del libro, que es brutal, que te deja la mente en blanco durante minutos, y marca esto a la perfección. Lo curioso es de que, a pesar de estar dispuestos a compartirlo todo, vemos pocas muestras de organización para conseguir unas condiciones de trabajo dignas. También es cierto que tanto los terratenientes como la policía emplearán todos los medios a su alcance para romper cualquier tipo de acuerdo entre los jornaleros.
Finalmente, la forma de escribir de Steinbeck me ha dejado impresionada. Es muy concisa pero a la vez usa imágenes extremadamente poéticas. De hecho, entre desventura y desventura de la familia Joad hay capítulos cortos que cuentan, de forma general, ciertas situaciones específicas de la época. Esto puede ir desde la recogida de algodón, hasta el día a día de un vendedor de coches de segunda mano o de una chica trabajando en un bar de carretera.  Son personajes anónimos, vidas que podrían ser la de cualquiera, la de miles de personas, por lo que tienes la sensación de estar ante una masa de gente desgraciada, luchando con todas sus fuerzas por tener un mejor futuro, pero que saben (aunque no lo reconozcan) que están condenados a ser unos muertos de hambre para toda su vida.

En conclusión, Las uvas de la ira es una novela genial, muy apropiada para los tiempos que estamos viviendo – es fácil trazar paralelismos entre ésa época y la nuestra –, y que además está escrita de forma magistral. Durante la travesía de los Joad nos encariñamos con los personajes, que sufren lo imaginable y son testigos de la más vil explotación de los seres humanos, rayando la esclavitud. Es un libro que se debe leer con un estómago fuerte y en un buen estado de ánimo. Pero, realmente, es muy recomendable. No os asustéis por el número de páginas, ¡está lejos de ser un 'tocho'!

10 oct. 2012

Los bienes de este mundo de Irène Némirovsky


Hace ya mucho tiempo que no leo nada de Irène Némirovsky así que me decidí a empezar con Los bienes de este mundo, publicado póstumamente en 1947.

Sinopsis: La historia trata de dos familias viviendo en el pueblo de Saint Elme, los Hardelot y los Florent. Ambas familias son burguesas, pero los Hardelot tienen una profesión más noble – poseen una empresa de papelería – y son más ricos. Sin embargo, el amor entre Pierre y Agnès unirá a las dos familias irremediablemente. 

Opinión: Al igual que Los fuegos del otoño, ésta novela cubre la primera mitad del siglo XX, empezando unos años antes de la Primera Guerra Mundial y acabando a principios de la Segunda. Desde la primera página que se nos presenta la vida de los 'burgueses de campo', reglada por las apariencias y la reputación, y orgullosa de su linaje. Némirovsky describe minuciosamente – pero no sin crítica – ésta clase social. Uno de los rasgos que les atribuye es el sentido de continuidad. El que, pase lo que pase, el patrimonio, la herencia (en este caso la empresa, el apellido, etc) pervivirá hasta el fin de los tiempos. Pero la autora bien demuestra que nadie ni nada es inmune al paso de los años, ni al paso de las guerras. Sin embargo, los personajes persisten en sus creencias, por lo que resultan algo ridículos a los ojos del lector; su empeño por vivir a través de unos muros de piedra, de un nombre, les sigue hasta las últimas páginas, y aún estando rodeados por soldados alemanes se sienten seguros al estar dentro de la casa que lleva generaciones en la familia. 
Además, la autora le da la vuelta a la idea de la continuidad, convirtiéndola en otra forma de 'crítica', por así decirlo. Existe continuidad en el sentido de que las hijas se convierten en sus madres, los hijos en sus padres, y así durante (al menos) tres generaciones. Los rasgos de los protagonistas, Pierre y Agnès, cuando son jóvenes se ven reflejados en la siguiente generación con Guy y Rose. De la misma forma, cuando ya son mayores, Pierre y Agnès cada vez se parecen más a sus padres, y ellos mismos se dan cuenta de éste cambio.
Esto no implica de que los personajes no tengan personalidad propia y no sean más que burdas imitaciones de sus progenitores, pero tampoco son los personajes complejos a los que nos tiene acostumbrados Irène Némirovsky. Son humanos, imperfectos, y muy acordes a su tiempo. En cada generación se nota el paso del tiempo y cómo ciertas concepciones sobre la vida van cambiando. 
Pero, quizás por encima de todo, Los bienes de este mundo es la historia de amor entre Agnès y Pierre. Su romance empieza en la juventud y se prolonga durante el resto de sus vidas. Como ya señala la novela, la 'pasión' de los primeros años, cuando no estaba casados o recién, se apaga rápidamente, impulsada por la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, los dos siguen juntos, soportando penurias, pero nunca arrepintiéndose de haberse casado en contra de los deseos de sus padres. En éste sentido es una historia muy tierna, o eso me lo pareció a mí.

No puedo decir mucho más de la obra, es bastante corta (320 páginas en mi edición, con letra grande) y se lee fácilmente. En mi opinión no es de las mejores novels de Irène Némirovsky. La historieta "La comedia burguesa" – incluída en el set de historias cortas de Ida – explora el mismo tema de forma más breve y con aún más fuerza (aunque se centren en aspectos un poco distintos).

7 oct. 2012

The Flowers of War

Supe de la existencia de esta película por casualidad a través de la red social GetGlue cuando se estrenó el trailer hace varios meses. En vano esperé que, siendo una producción de grandes dimensiones, se estrenase en España aunque fuese con algo de retraso. Pero, como ya viene siendo una costumbre, no fue así.

Sinopsis: Situada en Nanking durante la invasión japonesa en China de 1937, la película junta a tres extraños conjuntos en un convento: un trabajador de pompas fúnebres (Christian Bale, trilogía Batman, El truco final), unas prostitutas del distrito rojo y las estudiantes del convento. Con una muerte segura más allá de las puertas del convento, todos deberán aprender a convivir y buscar una forma de huir de la ciudad.

Opinión: Esta es una de las pocas superproducciones chinas que llegan de vez en cuando a nuestras pantallas, y hay aún menos que tengan un protagonista occidental. 
La película es excelente a nivel visual. Los vestuarios, en especial el de las prostitutas (que serán la delicia para quién le guste la moda y este estilo), están muy cuidados. Pero también la batalla entre los chinos y los japoneses que ocupa los primeros 10-15 minutos de la película y que sigue de trasfondo hasta el final. Las escenas de guerra son bastante brutales, pero aún más son las incursiones de los soldados en el convento, o de los habitantes del convento a la ciudad en ruinas. El director, Yimou Zhang (Hero, La casa de las dagas voladoras), pone una serie de escenas bastante violentas y despiadadas. Pero simplemente se limita a describir los horrores que debieron ocurrir durante la invasión japonesa, aunque puedan ser bastante desagradables para el espectador. Pero también hay lugar para la belleza en ésta película. Algunos planos de la película son preciosos, mezclando lo horrible con lo bello, provocando así un mayor impacto en el espectador. El juego con los colores (y los filtros de la cámara) para poder lograr estos efectos está muy bien conseguido. Uno que a mí personalmente me sorprendió fue la explosión de una tienda de tejidos, y todos aquellos colores saltando por los aires.
Pero quizás lo más interesante de la película es ver como interaccionan estos tres grupos, como van cambiando poco a poco. Cuando se encuentran cada uno está acostumbrado a una cierta vida, con unas ciertas reglas (o sin ellas) y, sobretodo, están aterrados por lo que han vivido y por la situación en la que se encuentran. John Miller es un personaje egoísta y, aparentemente, sin ningún tipo de compasión por las personas con la que comparte el convento. A él sólo le interesa salir vivo de allí y llevarse a la cama a Yu Mo (Ni Ni), la más bella de las prostitutas. Ella le desprecia por su carácter mezquino y tendencia a la borrachera. Pero por encima de todo ella quiere garantizar la seguridad de sus compañeras y su huída de Nanking. 
La convivencia entre ellos es difícil al principio y, a pesar de todo lo que les ocurre, permanecerá siendo algo hostil. No hay ningún tipo de redención. Ni las alumnas llegan a ver más allá de sus prejuicios ni las prostitutas buscan redimirse. Ambos grupos llevan su vida lo más normalmente posible. Y es lo bueno porque el espectador está presente en las escenas en que están solas y ve el alto grado de compañerismo, compasión e humanidad que existe dentro del grupo, pero no entre ellos. Aunque el tiempo pase y aprendan a vivir juntas, eso no significa que pasen ni un minuto más de lo necesario juntas, sin ni siquiera permitir a las mujeres utilizar su baño. De hecho, el que sufre un cambio más radical es el personaje de Christian Bale que, al ser testigo de las brutalidades cometidas por los soldados japoneses, se vuelve más altruista y decide hacerse pasar por el cura del convento y así proteger a las alumnas (y al resto de sus habitantes ocultos). Quizás este cambio radical sea poco creíble – a mí, al menos, me cuesta un poco creerlo – pero es de agradecer ver a toda esa gente tan distinta cooperando y tener un poco de esperanza después de haber visto escenas bastantes crudas.

En conclusión, creo que The Flowers of War es una muy buena película histórica de una guerra de la cuál la mayoría de 'occidentales' no ha oído a hablar pero que aún está muy fresca en la memoria de los chinos. La invasión de Manchuria empezó en 1931 y en 1937 se declaró la segunda guerra sino-japonesa que, en el lado de los chinos, causó al menos unos veinte millones de muertos (existen diversas estimaciones por falta de datos de la época). Ésta es una espléndida recreación del horror que vivieron los chinos – contando con un consistente presupuesto –, muy bien dirigida, con un actor de merecido renombre como Christian Bale y además muy entretenida. Eso sí, hay que tener el estómago fuerte, pero vale mucho la pena.

4 oct. 2012

State of Play


Sigo con mi amor por la ficción británica, y ésta vez os traigo State of Play (2003). Conocí esta mini-serie a través del blog Quinta Temporada del periódico El País, que es un sitio imprescindible para estar al tanto de las nuevas series.

Sinopsis: Stephen Collins (David Morrissey, The Hollow Crown, South Riding) collins es un MP del parlamento británico que además lidera un comité independiente del Ministerio de Energía. Toda su vida se desmorona cuando la investigadora del comité, Sonia Baker, muere en las vías del metro y se descubre de que era su amante. El periodista Cal McCaffrey (John Simm, Doctor Who, Life on Mars) fue el manager de la campaña de Stephen hace casi diez años y quiere ayudar a su amigo. Mientras, Della Smith (Kelly McDonald, The Decoy Bride, Gosford Park) otra periodista del mismo periódico investiga la muerte de un adolescente.

Opinión: Son seis capítulos geniales. Se lo toman con calma, sin prisas, sin querer dar muchas pistas al principio. La serie sigue a un grupo de periodistas del periódico Herald en el cuál se encuentran, a parte de los que ya he mencionado, James McAvoy (La Conspiración, La joven Jane Austen), Bill Nighy (El Exótico Hotel Marigold, Love Actually) y Amelia Bullmore (Twenty Twelve, I'm Alan Partridge), entre otros. Así que la trama sigue su investigación y vemos muy de cerca como funciona la redacción de un periódico y sus trabajadores: desde problemas con la editorial, hasta el trato de las fuentes y su relación con la policía. Éste es uno de los aspectos que más me ha gustado ya que, a parte del 'misterio', me parecer ser muy realista. Durante los primeros capítulos van recabando información, siguiendo pistas, pero ni ellos ni el espectador sabe muy bien qué hacer con ellos, o qué tiene que ver lo uno con lo otro. Y eso me parece excelente. Muchas veces las series –y, en especial, las mini-series – tienen que ya aportar mucha información en los primeros capítulos para atrapar al espectador, y luego tienen un desarrollo lento. En State of Play nos encontramos en la situación opuesta. Los primeros capítulos no te dejan sin aliento, si no más bien un tanto desconcertada por la información que van obteniendo y las cosas  (aparentemente con poco sentido, que no sabes como relacionar) que van ocurriendo. Pero igualmente la sigues mirando. ¿Por qué? Primero, por los actores, que son brillantes. Y en especial me gustaría destacar el papel que hace David Morrissey encarnando al desdichado político y a Kelly McDonald, que es uno de los pocos personajes con una evolución marcada a lo largo de la serie. En efecto, su personaje no es más que una novata al principio y tendrá que pasar por mucho, lo que la hará ser mucho más fría, sensata y concisa. Pero, para variar en el mundo británico, hay un gran reparto de actores secundarios. En especial me gustaría destacar a Marc Warren(Wanted, Hustle) en el papel de Dominic Foy, un conocido de Sonia Baker.
Otra razón es que, aunque se den muy pocas pistas, hay muchos elementos desde el principio que te hacen sospechar que el asesinato de la joven investigadora y del adolescente forman parte de algo mucho mayor que implica a gente de las altas esferas. 
La trama está muy bien construída, muy bien atada, y con unos giros que nadie podría llegar a esperarse. Además, si los primeros capítulos son 'lentos', a partir de la segunda mitad el ritmo se acelera vertiginosamente y el encadenamiento de eventos se sucede sin que tengamos mucho tiempo para reaccionar. Hay que decir que la serie es muy crítica con el gobierno y las petroleras, y la relación que tienen ambas. Quizás en la crisis económica en la que estamos ahora no se le presta mucha atención a las grandes compañías de petróleo (como BP), pero nuestra economía se sustenta en ésta materia prima y el poder que tienen sus poseedores es muy grande. De todas formas, en ésta serie se toma el ejemplo de una petrolera, pero bien podría ser el mismo caso cualquier multinacional.
Eso sí, hay una cosa en la que me ha decepcionado la serie, en su resolución. Cometen el mismo error que Freddie Lyon en The Hour, sacrifican la historia 'política' porque el principal periodista se involucra personalmente la historia. Y tienen sus razones, que no desvelaré porque sería un spoiler de gran tamaño, pero igualmente no acabó de convencerme.

En fin, State of Play es otra de las grandes mini-series de la BBC con brillantes actores, un guión muy bien construído y, además, un tema muy interesante (y que no se corta un pelo). Prueba de ello fue que en 2009 se hizo una versión americana para la gran pantalla con Russel Crowe y Ben Affleck, pero que no es ni la mitad de buena que la serie.

1 oct. 2012

Muse – The 2nd Law


A mediados de junio el grupo de música británico Muse anunció la salida de su nuevo disco, titulado The 2nd Law, para el 17 de septiembre, que luego se retrasó hasta hoy, 1 de octubre. La banda dio a conocer su nuevo trabajo a través de un video que provocó todo tipo de reacciones entre los fans (y no tan fans), ¿se había convertido Muse al 'dubstep'? Unas semanas más tarde se reveló que Muse había compuesto la canción de los Juegos Olímpicos de Londres, Survival. A mediadios de julio se filtró Unsustainable y su siguiente vídeo, y el 20 de agosto fue el turno de Madness.


El álbum empieza con Supremacy, una canción que es muy del estilo de Muse, con sus riffs, distorsiones de sonido y una sarta de falsettos de Matt Bellamy. Además, la letra tiene un aire de conspiraciones que ya no es muy familiar, y la percusión en algunos momentos recuerda a Invincible. Como punto de 'excentricidad', de vez en cuando aparece una trompeta para acompañar el trío, pero acaba gustando.
Como contraste, la segunda canción es Madness –el primer single del álbum–, una canción 'electrónica' pero que el grupo toca con instrumentos reales – guitarra, bajo, batería – con ciertas modificaciones, gracias a los fabricantes Manson y Misa. Es una canción que sorprende, de la misma forma que en el anterior disco con Undisclosed Desires, ya que parece ser lo 'contrario' a Muse. Además, Matt Bellamy dijo que ésta era la mejor canción que había escrito nunca, y grupos como Coldplay o Keane han respaldado dicha declaración. En lo que se refiere a la letra no puedo sino discrepar, ya que es extremadamente simple. Trata de las reflexiones de Bellamy tras una pelea con su novia, Kate Hudson, y que ésta se fuera a casa de su madre. La última estrofa dice así: Come to me/ Just in a dream/ Come on and rescue me/ Yes I know/ I can't be wrong/ And maybe you're too headstrong/ Our love is madness (1). Como podéis ver no es nada del otro mundo, sobretodo comparando con otras canciones escritas por Bellamy – de este mismo álbum incluso. Pero Madness sobresale –y quizás se aprecia mucho más en el contexto de The 2nd Law – por su simplicidad frente a lo épico, bombástico y musicalmente 'rico' que son el resto de canciones.
Y con la tercera Muse ya remata al oyente de un ataque al corazón con Panic Station. Es una canción 'funk' – muchos la comparan con los éxitos de Prince, aunque yo al no haber escuchado nada suyo no me atrevo –, con un fondo de bajo bastante sencillo y su acompañamiento en batería. Luego, de vez en cuando, hay breves interludios con un ritmo (y una guitarra) mucho más rápido que son realmente geniales. Y además de esto tenemos a Matt soltando 'ughs', 'oghs' y sus agudos habituales. Ah, y también un set de trompeta y saxofón. Por algún motivo, la canción me encanta. 
Luego, para introducir Survival, Bellamy hace gala de sus dotes de composición clásica para el Prelude, que bien podría ser de Rachmaninoff (con un toque de Chopin). Y todo esto lo corta en seco al empezar Survival con su ritmo pop à la Queen y que finalmente se convierte en una canción de rock épico y grandioso. Claro que yo quitaría algunos coros, pero esto fue imposición de los Juegos Olímpicos, que no estarán presentes en directo y que, por lo tanto, mejorarán bastante la canción.
En la siguiente canción, Muse vuelve a cambiar de género para meterse de lleno en el pop electrónico –sí, habéis leído bien – con Follow Me. La canción empieza con los latidos del corazón de Bingham Hawn Bellamy, el hijo de Matt Bellamy, cuando aún estaba en el vientre de su madre. Y poco a poco empiezan a introducirse sonidos que son obra del sintetizador. Esta es la canción que menos me gusta de The 2nd Law. Sé que, tarde o temprano y seguramente después de oírla en directo, me va a gustar. Esto no quita de que es una canción mediocre, con escasa inovativa musical y poco estimulante. 
Entramos en la segunda mitad del disco con Animals, que empieza con una simple melodía de piano, recordando un poco a sus inicios con Showbiz o Origins of Symmetry – cuando se les comparaba a Radiohead. El ritmo de la canción es el que se encuentra en muchas canciones de la banda, con un principio lento que va en crescendo hasta llegar a un festival de riffs en que se nota que los tres se lo pasan fenomenal llevando al límite sus instrumentos. Entonces se introduce un 'ruido' de fondo, con el que acaba la canción, que son las voces que se oyen en la bolsa de Nueva York un día cualquiera. Si es que esta canción denuncia a estos individuos, que buscan enriquecerse sin importarles las consecuencias que tienen sobre el resto del planeta. La letra reza: Analyse/ Franchise/ Spread Out/ Kill competition/ And buy yourself an ocean (2).
Llega Explorers que empieza como una nana, con Matt Bellamy cantando suavemente sobre como los humanos, las empresas y el sistema en el que vivimos, sobreexplota la naturaleza, los recursos limitados que tiene nuestro planeta. Aunque el tema sea completamente diferente, la canción recuerda vagamente a Blackout un tema de Absolution. El estribillo, uno de mis favoritos, dice: Free me/ Free me from this world/ We don't belong here/ It was a mistaken imprisoning our souls/ Can you free me/ Free me from this world (3). Sería una canción casi perfecta si no fuera por los coros agudos hacia el final de la canción, que recuerdan demasiado a las canciones pop de los años 1950. 
Después viene Big Freeze. Una canción que, musicalmente, me parece rara, no hay otra forma para definirla. Es muy rítmica, pero tengo la impresión de que música y vocales no encajan, o al menos crean un contraste notable. Pero, sin duda, me gusta mucho. Eso sí, recuerda un tanto a Queen. En este caso, aún no tengo muy claro de que trata – como suele ocurrir con muchas canciones de este grupo – pero creo que también tiene que ver sobre los fallos del sistema económico y el cambio climático.
Uno de los cambios más notables en The 2nd Law es que dos de sus canciones han sido escritas y cantadas por Chris Wolstenholme – el bajista del grupo y que normalmente se encarga de hacer los coros –, ambas sobre su ya superada adicción al alcohol. La primera de ella es Save Me, una pseudo-balada bastante bonita, pero nada que sobresalga y que, sin duda, es demasiado larga. De hecho es la canción más larga del álbum, después de Explorers, con sus buenos cinco minutos. Demasiado larga, demasiado repetitiva. La segunda es Liquid State que es mucho más marchosa y de rock 'puro y duro'. Se hace bastante extraño oír este tipo de canción de Muse con una voz distinta a la de Bellamy.
Finalmente están las dos canciones agrupadas bajo el título conjunto de The 2nd Law: Unsustainable y Isolated System. La primera empieza con música clásica, muy en el estilo de Muse, para que luego introducir la voz de una mujer explicando la segunda ley de la termodinámica – en un sistema en que no fluye la energía, aumenta la entropía, una economía que se base en un crecimiento infinito es insostenible – para que luego rompan sin avisar sonidos de electrónica dura, 'dubstep'. Es una mezcla interesante, a la que en un momento se unen los lamentos cantados de Bellamy. La última canción del disco, Isolated System, es completamente instrumental, salvo por algún ruido de fondo. Se puede decir que está casi enteramente hecha por ordenador, aunque también con algunos instrumentos clásicos 'reales', y recuerda al ambiente algo inquietante de la recopilación de caras B, Hullabaloo. Matt Bellamy dice sobre la canción: "Estar en el espacio sería also tan apacible y silencioso y de pronto llegas a ese 'blip' [la Tierra, un pequeño punto en el universo] que es un maldito caos! Lo veo como alejarse del planeta y volver a la tranquilidad de lo que, al fin y al cabo, acabará ocurriendo, que es la nada." (fuente)

En conclusión, The 2nd Law es un álbum que parece tener por objetivo sorprender a cualquier fan de Muse – a los que no les guste apasionadamente el grupo, no sé cómo pueden reaccionar ante el CD, ni si les puede gustar – y lo consigue. Tiene canciones muy buenas, que me han gustado muchísimo, otras que creo que tienen mucho potencial en directo, y finalmente algunas que no me han entusiasmado (Save Me y Follow Me). Creo que el grupo ha intentado ir 'un paso más allá', rompiendo cualquier tipo de estereotipo o tópico que se tuviese sobre la banda (¿dices que somos un grupo rock? ¡funk! ¡electro-pop!), salvo que son muy grandilocuentes. Y quizás es algo que yo corregiría, quitando algunos efectos y la mayoría de los coros. No digo que vuelvan a sus raíces minimalistas, de hecho Muse nunca ha sido 'discreto' en este sentido, pero que intenten buscar la sencillez del sonido, pudiendo ser igual de bombásticos e incluso más intensos. También me hubiese gustado que las canciones con guitarra – demasiado pocas, en mi opinión – fuesen más rápidas. Eso sí, el trabajo vocal de Bellamy me parece increíble, y creo que ha mejorado muchísmo desde The Resistance, y ya no hablemos de anteriores discos. The 2nd Law me ha gustado, aunque tuve que escucharlo varias veces ya que, dada su diversidad y diferencia con lo que suele dar Muse, me costaba un poco de digerir. Pero aún creo que lo pueden hacer mejor, y este álbum es una buena promesa.

(1) Ven a mí/ Como en un sueño/ Ven y rescátame/ Sí, lo sé/ No puedo estar equivocado/ Y quizás eres demasiado testarudo/ Nuestro amor es una locura.
(2) Analiza/ Franquicia/ Expándete/ Mata la competencia/ Y cómprate un océano.
(3) Libérame/ Libérame de este mundo/ No pertenecemos aquí/ Fue un error que apresaba nuestras almas/ Puedes liberarme/ Liberarme de este mundo.


Todas los posters utilizados pertenecen a Birdie, a quién agradezco que me haya dejado utilizarlos. The artwork/posters used belong to Birdie, whom I'm very thankful for letting me use them.

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