29 ene. 2010

Algunas reflexiones personales que poco tienen que ver con nada


Hoy he estado pensando (¡qué novedad!), sobre mi blog (vaya egocentrismo el mío) y qué debería hacer.
No tengo intención de cerrarlo, me lo paso muy bien escribiendo reseñas de libros y películas, y me es totalmente indiferente si alguien lee o comenta (en fin, los comentarios siempre hacen ilusión), por algo el nombre de la web es: anyway I don't care (de todas formas no me importa).
Sin embargo, he estado pensando en... ¿y si hablo un poco de mí? ¿y si no me limito a escribir reseñas? En fin, cambiar un poco la estructura del blog... pero entonces no sería el blog que es ahora... y por otra parte (sin voluntad de ofender) siempre me ha parecido algo extraño y poco apetecible el de hablar de mi vida tranquilamente en Internet...
Al fin y al cabo, supongo que no seré tan moderna.
Por otra parte, está el hecho de que necesito escribir. No sólo "artículos", si no historias, y estoy sin hacerlo desde verano y ahora el "mono" se está transformando en algo serio. Quiero hacerlo, pero creo que el "cómo" se me perdió por algún lado hace unos meses y el cuando va a ser imposible, al menos este curso. Y todo esto me deprime profundamente y me hace pensar en si debería cambiar un poco esto. No sé si me explico bien, o quizás simplemente estoy poniendo por escrito mis elocubraciones que a pocos importan y que tan poca relevancia tienen.
No sé muy bien lo que quiero hacer, ni cómo, ni tengo muy claro el por qué, quizás sea cuestión de tiempo... o de determinación, quién sabe.

Creo que esto será de las pocas veces en que me expondré tan personalmente al universo de Internet, así que aprovechad, que no pasa cada día! (<- sí, por si alguien lee esto, es una incitación a escribir un comentario)

Shirley, de Charlotte Brontë


Con este ya habré leído todas las novelas (realistas) de Charlotte Brontë, la escritora inglesa del siglo XIX, hermana de Emily Brontë (Cumbres Borrascosas) y Anne Brontë (Agnes Grey).

Sinopsis: Shirley(1849) se sitúa en Inglaterra en plenas guerras napoleónicas, cuando el país se hallaba en depresión económica. Robert Moore es un joven industrial que decide poner en marcha la modernización de su fábrica, pasando forzosamente por el despido de la mayoría de sus empleados. Esto le acarreará bastantes problemas sumados a su difícil situación económica. Además, en su vida aparecerán dos mujeres: Caroline, su joven y tímida prima, que está enamorada de él, y Shirley, una mujer rica, independiente e inteligente con quien le convendría casarse. Esta rivalidad no impedirá que las dos mujeres se hagan íntimas amigas y puedan ayudarse mutuamente frente a sus preocupaciones y la dificultad de ser una mujer independiente en aquella época.


Opinión: Si bien el principio es muy lento y algo tedioso (las aburridísimas charlas del clero, aunque bastante instructivas sobre la época), pero cada vez la acción (en lo que se refiere a la situación económica de Roger Moore y en la situación emocional de los tres personajes) se hace más trepidante. Van apareciendo nuevos personajes, nuevas intrigas, nuevos misterios, y el lector no puede apartarse del libro (al menos, eso me pasó a mí, fue uno de los pocos libros que me hizo leer durante horas y horas seguidas).

Hay dos factores por los cuales el lector se siente tan absorvido por el libro:
1. La localización, el ambiente, y demás están muy bien descritos y caracterizados, uno se puede meter muy facilmente en la historia, en la época, como si formara parte de él, como si realmente estuviera mirando por una ventana lo que ocurriese o fuese uno de los personajes.
Así pues, el período histórico en cuestión está muy bien descrito. Quizás algunos piensen que no tiene mucho mérito, ya que la autora vivía en ese mundo, pero lo interesante es la crítica más o menos implícita que hace de esta sociedad. Desde la ociosidad del clero, la situación política (reaccionarios vs. progresistas), económica, nos podemos hacer perfectamente idea de lo que ocurría por aquellos tiempos y de los fallos y/o hipocresías latentes. Además se recibe mucha información sobre las tensiones entre empresarios y obreros en aquella época.
2. Como ya he señalado antes, la gran gran gran gran elaboración del carácter de los personajes. Sobretodo en el caso de las dos protagonistas femeninas - Caroline y Shirley -, sus personalidades (las virtudes como los defectos) están muy bien definidas, podrían ser personas reales. Además, son "universales", es decir que no son personajes con los que sólo se podían identificar las mujeres victorianas. En absoluto, es muy fácil verse reflejado en las inseguridades de Caroline y su tendencia a infravalorarse, al igual que podemos asimilarnos a la búsqueda de libertad y orgullo de Shirley.
Los demás personajes, aunque también muy bien hechos, representan "tipos" de personas de la sociedad victoriana y que la autora quiere criticar/poner en evidencia, o alabar.

Pero nada es perfecto, y Shirley tiene sus defectillos. Ante todo, es cierto que la novela está muy bien ambientada, pero hay descripciones que son a veces inútiles, que retardan la acción... Sin embargo, tampoco hay en exceso como en las obras de Zola. El otro "detalle" que puede llegar a ser un tanto irritante es la tendencia de la autora a, literalmente, irse por las ramas con sus desvaríos filosóficos. Está bien que el autor haga sus reflexiones y las transmita al lector para que "capte" el mensaje que quiere enviar... pero Charlotte Brontë sobrepasa los límites.

En conclusión, Shirley es un libro que recomiendo encarecidamente a todo aquél que quiera averiguar más sobre la sociedad inglesa a principios del XIX en Yorkshire y leer una bonita historia de amor (en fin, hay dos y ambas están muy bien). Eso sí, hay que estar dispuesto a leer un libro de 737 páginas (en Alba Editorial) con algunas descripciones pesadas y algunas argumentaciones del narrador/escritor.
Para otros libros de la misma autora yo recomiendo El Profesor(corto, fácil de leer, con una tierna historia de amor y menos contexto social) y Vilette (mi favorita de la autora, una gran novela psicológica).

27 ene. 2010

De la degradación progresiva de los seriales o no tod@s deseamos un culebrón en nuestra pantalla


Cierto, hace tiempo que no escribo nada (ni por vacaciones, vergüenza debería darme) pero es lo que tiene el trabajo y, en fin, aceptémoslo, hacer un poco el gandul.
Pero me estoy desviando, vamos a lo que importa, el artículo.
Desde hace unas semanas que me rondaba por la cabeza, pero quise esperar a estar más calmada (y tener un poco de tiempo libre, claro está). La opinión que voy a escribir ya la tenía más o menos formada desde hacía ya tiempo, pero un evento decisivo en mi vida hizo que me decidiera a escribir sobre él. ¿Qué cuál es? Puede parecer irrisorio, pero el motivo de todo esto es el final (y el desarrollo) de la serie española La Señora.
Esta serie en cuestión finalizó su tercera (¿última?) temporada hace ya un poco más de una semana, y si ya el desarrollo me estaba desquiciando, el desenlace me hizo perder toda fe en los guionistas de series españolas. Pero esto lo trataré más hacia el final.
Fue hacia finales de 2007 que vi anunciada por TVE el comienzo de una nueva serie, La Señora. Y me dije: Hmmm, historia de amor entre una chica rica y un cura, en los años veinte y con un rico contexto socio-político, ¡al fin algo que parece merecer la pena de verlo!" Yo, muy paciente, me esperé todo el curso (sí, aquél año también andaba muy atareada) hasta el verano, durante el cual me "tragué", uno tras otro, los episodios de la primera temporada. Estaba casi eufórica, ¡no me lo podía creer! La serie contaba con unos personajes muy trabajados y creíbles, con problemas creíbles más allá de los simples "te quiero y luego ya no", además de una ambientación muy lograda de la época y de las mentalidades.
En fin, que la serie me dejó con muy buen sabor de boca, como ninguna serie española había logrado antes. Esperé un año entero hasta al fin poder ver la continuación.
Al principio, todo iba bien, seguía su ritmo. Pero poco a poco fui dejando de verla. ¿Por qué? Muy simple, lo que antes me gustaba ahora me desquiciaba, me cansaba. ¿La razón? Demasiadas complicaciones: cada vez la trama "principal" (es decir, la historia de amor entre Ángel y Victoria) se iba retorciendo más y más, hasta llegar a extremos en que no eran creíbles por dos motivos.
1. Los argumentos para que no pudiesen estar juntos se iban acabando y claro, cada vez eran más ridículos, y que además traicionaban el carácter del personaje (Ej: ¿Desde cuando a Victoria le importa lo que piensen los demás?).
2. Se supone que representan personas de verdad y, siento decir, que los seres humanos no somos tan complicados. Justamente al contrario, intentamos simplificar cuánto sea posible nuestra vida. Nadia sigue hurgando en su propia herida durante años, nadie es tan estúpidamente sadomasoquista, de hecho, para algo creamos el dicho "el tiempo todo lo cura".

Así pues, todas las tramas se fueron complicando y rebuscando (mucho más cuando llegaban nuevos personajes) a lo largo de la segunda y tercera temporada, haciendo que la serie perdiera todo interés y se convirtiera en un simple culebrón que sólo sirve para enganchar a los telespectadores, sin buscarle realismo, sólo buscando más y más audiencia. (ese es otro problema, pero que no voy a tratar en profundidad aquí)

La principal causa de esta degradación, en mi opinión, fue que los encargados de la serie pensaron que en cuanto se solucionase la trama entre Ángel y Victoria, ya nadie miraría la serie. Esto pasa normalmente en series en las que hay una trama principal muy fuerte, que se construye a lo largo de la primera temporada (quizás por que no tienen muchas expectativas de que continúe).
Y eso es un grave error. Dudo que nadie hubiese dejado de verla (si hubiese seguido con la misma calidad) ya que también desarrollaron tramas independientes de la principal que eran igualmente interesantes.

El final sólo fue más que la consecuencia de todos estos embrollos, ya que la actriz que interpretaba a Victoria Márquez (Adriana Ugarte) se marchaba de la serie, pam, la mataron.
No quiero exponer aquí mi opinión sobre el final, que ya ha sido más que debatido en los foros.
Pero quiero decir claramente que, ya que los guionistas se nos habían puesto surrealistas, podrían haberse sacado de la manga un final feliz, aunque fuese para satisfacer a la audiencia después de tantos líos, embrollos, traiciones, y culebroneos, creo que sería justo.

En fin, conclusión, esto que acabo de explicar no es algo que se limita únicamente a La Señora, si no a muchas otras series (Amar en Tiempos Revueltos, Hospital Central, Física o Química, Turco para principiantes, Diario de una doctora, y un largo etcétera) que tienen una buena trama inicial pero, culpa de los guionistas y de la voluntad de seguir con la serie a cualquier precio por que tiene mucha audiencia, se va alargando haciendo que la historia se vuelva cada vez más inverosímil. Yo humildemente veo dos soluciones: 1. Que las series largas sean con capítulos bastante independientes los unos de los otros (como House m.d, El Mentalista o Cómo conocí a vuestra madre), que también tienen mucho éxito.
2. Que hayan series cortas, haya mucha audiencia o no, que tengan una trama fuerte y con un propósito, que se acabe tal y como se diseñó, sin complicaciones. O, en el mismo estilo, que se desarrollen tramas paralelas que puedan suplir la primera trama central cuando esta finalice de un modo normal y racional/realista.
¡Muerte a los culebrones degenerativos!
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